En la casa de Ester y Cholo, al margen de la excelente relación que unía a las familias, existía una para nada despreciable ventaja desde la perspectiva material/comunicacional. Esta vivienda, a diferencia del hogar de Francisca –donde Mariano pasaba gran parte del día-, contaba con teléfono de línea. Corrían tiempos en que los celulares no estaban ni siquiera en la imaginación de la gran mayoría de los argentinos. Y en muchos casos, hasta la línea telefónica tradicional era todavía un lujo que no mucha gente podía darse.
Los vecinos de Francisca sí contaban con este aparato compuesto por un disco giratorio que se utilizaba para marcar, uno por uno, los números del destinatario deseado, y que sonaba mediante un clásico e incomparable ring cada vez que se recibía una llamada. Esta vía de comunicación que hoy parece arcaica, era muy valorada en los tiempos en que Marianito iba al jardín de infantes.
No era extraño que el teléfono sonara en la casa de Ester y que del otro lado del auricular pidieran hablar con Francisca o alguien de la familia. Es que se usaba asiduamente, a modo de favor y con el consentimiento de la otra persona, dar el número de teléfono del vecino para que familiares, amigos, etc, puedan comunicarse en caso de necesidad. A la inversa, también era frecuente solicitarle al vecino el aparato para establecer una comunicación importante. Claro está, era obligatorio ir hacia el lugar donde se encontraba el aparato (conectado con un cable a un enchufe en la pared), dado que en aquellos tiempos, incluso se desconocía de la existencia de artefactos inalámbricos.
(*) Las historias son verdaderas. Los nombres, para preservación de los mismos, no siempre corresponden a sus protagonistas.
Muchos años después, Pablo escribió: “NO SE OLVIDEN DEL AMOR”.
El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 1 Juan 4:8.
¿Es nuestro Dios, un dios autoritario y desamorado? Hay quienes lo afirman. Y además, hay algo muy cierto: en la Biblia él nos habla desde la ascendencia que implica ser el dueño del Universo y se dirige a nosotros con la autoridad de ser el que nos conoce mejor que nadie. Pero darle ese perfil dictatorial es ignorar que la Palabra destaca el profundo amor que el Señor nos tiene. Si en vez de hacer una lectura parcial se considerara a las Escrituras en su totalidad, no sería difícil comprender que Dios es como ese padre que, porque desea lo mejor para sus hijos, los advierte sobre los peligros y los reprende para corregir equivocaciones, pero también los trata con suma dulzura. No permitamos que nos confundan visiones erróneas. Para conocer a Dios tenemos a disposición su Palabra, y estudiándola, no nos harán falta intermediarios para entender lo que él afirma sobre ciertos temas.