0 8 mins 1 hora

Hace seis años, una nota publicada en este mismo sitio web llevó por título “Un viaje, un poema, un milagro”. En aquel entonces, Camila Beroisa tenía apenas 17 años y –junto a su mamá Lili- había viajado desde General Roca, Río Negro, hasta Buenos Aires para continuar con un tratamiento médico por una grave anomalía vascular que durante años puso en riesgo su vida. Hoy, con 24 años, su realidad es muy diferente. No sólo puede caminar, correr y desarrollar una vida prácticamente normal, sino que además acaba de concretar un sueño largamente acariciado: lanzar su propio canal de entrevistas en YouTube y una cuenta de Instagram llamados “Una perla escondida”.

La historia de Camila es una de esas que obligan a mirar hacia atrás para dimensionar el camino recorrido. En enero de 2020, luego de una consulta en el Hospital Garrahan, recibió una noticia que cambiaría su vida. Los estudios confirmaron que el tumor que comprimía una arteria vital había disminuido drásticamente: de un tamaño comparable al de una manzana había pasado a ser similar al de un poroto. Años de incertidumbre, limitaciones físicas y pronósticos preocupantes parecían comenzar a quedar atrás.

Por entonces, la joven relataba cómo había tenido que abandonar actividades deportivas, cómo le costaba caminar y cómo muchas veces debía permanecer en reposo. Sin embargo, también afirmaba algo que sigue sosteniendo con la misma convicción: que Dios había obrado un milagro en su vida. Hoy, al recordar aquella etapa, las palabras de Camila adquieren todavía más fuerza. “Hace tres o cuatro años atrás yo tendría que haber muerto”, afirma. “Los médicos decían que ese tumor se podía reventar en cualquier momento. Incluso un médico de General Roca le dijo a mi mamá que yo era un milagro”.

Actualmente, si bien continúa cuidándose y mantiene controles periódicos, la diferencia respecto de aquellos años es enorme. “Puedo caminar, correr, hacer deportes y llevar una vida casi normal. A veces siento alguna molestia cuando hace mucho calor o mucho frío, pero ya no me trae los problemas que tenía antes”, explica. Lejos de olvidar lo vivido, Camila considera que esa experiencia le dio una perspectiva distinta sobre la vida. “Si no fuera por la fe, por el impulso de Dios y por las ganas de crecer, muchas cosas no habrían sido posibles”, asegura.

Una perla escondida

Esa misma convicción es la que hoy intenta volcar en “Una perla escondida”, el proyecto de comunicación que comenzó a desarrollar después del cierre de un programa radial cristiano en el que participaba en Neuquén. Durante dos años colaboró en ese espacio realizando entrevistas y aportando ideas. Cuando el programa llegó a su fin por cuestiones económicas, sintió que era momento de dar un paso más. “Yo ya tenía personas esperando para ser entrevistadas y material preparado. Entonces pensé: ¿por qué no seguir con mi propio proyecto?”, recuerda.

La iniciativa comenzó a tomar forma poco a poco. Hubo que pensar el formato, elegir un nombre, conseguir equipos de trabajo, buscar locaciones y afrontar todos los gastos de manera independiente. “No me banca nadie, lo sostengo yo sola”, comenta con una mezcla de orgullo y sinceridad. El nombre elegido encierra un significado muy especial. Para Camila, existen historias valiosas que muchas veces pasan desapercibidas.

“Yo siento que hay personas con historias hermosas que no siempre son escuchadas. Además, creo que cada vida es una perla para Dios. Quiero que quienes participen de las entrevistas y quienes las vean se sientan importantes”, explica. El primer reportaje ya fue publicado y tuvo como protagonista a la bailarina de ballet Luna Montoya. Sin embargo, la idea es ampliar el abanico temático y conversar con personas vinculadas al arte, la cultura, el trabajo, los emprendimientos y las experiencias de vida que puedan dejar enseñanzas.

La próxima entrevista será con Matías Lagos, impulsor de un emprendimiento llamado Almacén de Café. También proyecta futuras conversaciones con personas que hayan atravesado situaciones difíciles, como la recuperación de adicciones. Aunque los contenidos son de interés general, Camila reconoce que existe una motivación más profunda detrás de todo el proyecto. “Quiero transmitir un poquito de la palabra de Dios. Hablar de la fe, del amor y de esas cosas profundas de la vida que muchas veces dejamos pasar”, señala.

La comunicación apareció en su vida casi de manera inesperada. Durante años, sus intereses principales estuvieron ligados a la música, la poesía y la literatura. De hecho, conserva decenas de poemas escritos y sueña con publicar algún día un libro. También integró durante tres años un coro gospel en Neuquén, experiencia para la que obtuvo una beca. Sin embargo, había un deseo aún más antiguo. “Desde chiquita soñaba con tener mi propio programa de radio”, cuenta, a través de la conversación telefónica desde General Roca.

Hoy siente que está dando los primeros pasos hacia esa meta. Para perfeccionarse comenzó a realizar cursos de comunicación y periodismo para no profesionales, además de estudiar inglés. Más adelante le gustaría cursar una carrera universitaria vinculada con la comunicación. Las devoluciones positivas que recibió tras la publicación de su primera entrevista la animan a seguir adelante. Pero más allá de cualquier crecimiento profesional, hay un mensaje que desea transmitir.

“Quiero que la gente sepa que se puede salir adelante. A veces uno tiene poco, a veces nadie apuesta por vos, pero se puede. Lo único que hace falta son ganas, esfuerzo y formarse para mejorar. Y teniendo a Dios de tu lado, todavía más”.

Quizás allí resida el verdadero significado de “Una perla escondida”. Porque detrás de cada historia que Camila busca contar también está, de alguna manera, la suya propia: la de una joven que hace algunos años luchaba por sobrevivir y que hoy, agradecida por la vida que recibió, decidió utilizar su voz para iluminar la de otros.

Foto: Camila -a la derecha- junto a su entrevistada Luna Montoya (captura Youtube “Una Perla Escondida”).

La primera nota de Camila en su canal de Youtube

Deja una respuesta