Al principio, el jardín de infantes. Después, la primaria. Al igual que los chicos de su edad, Mariano comenzó a desandar los pasos que proponía la educación inicial obligatoria. En la escuela, prestaba atención con entusiasmo a sus maestros y se perfilaba como un buen alumno. Tenía bastante facilidad para aprender a leer, a escribir, a hacer cuentas… En el aspecto social tampoco tenía mayores inconvenientes. Sin embargo, había algo que no lo igualaba a la gran mayoría de sus compañeros: Mariano no tenía mamá, porque ella había fallecido cuando él contaba con apenas un año. Pese a esa ausencia, tenía una infancia feliz. Aunque en la escuela, esa diferencia con respecto a los demás empezó a ponerlo incómodo. Tanto que a sus siete u ocho años, ya prefería evitar que se mencionara el tema. Muchos de sus compañeros estaban al tanto de la situación y no lo molestaban. No obstante, a medida que crecía, a Mariano iba invadiéndolo cierto sentimiento de inferioridad en relación al resto de los chicos. El complejo se agudizó unos años después, cuando en sexto grado, una mudanza familar determinó que tuviera que cambiarse de colegio. En el comienzo del ciclo lectivo, la preocupación para que sus nuevos compañeros no se enteraran, impulsó a Mariano a tratar de eludir conversaciones profundas sobre temas familiares.
(*) Las historias son verdaderas. Los nombres, para preservación de los mismos, no siempre corresponden a sus protagonistas.
Muchos años después, Pablo escribió: “UNA AMENAZA A LA HUMANIDAD”.
Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida. Santiago 1:21.
Un especialista en Inteligencia Artificial reconoció en una entrevista periodística que la mayor amenaza de esta revolucionaria tecnología es su potencial para hacer daño. En manos del ser humano cualquiera cosa puede pasar con esta herramienta, que según se dice, se creó para facilitarle la vida a la gente y no para arruinársela. La bomba atómica y la pólvora, por ejemplo, nacieron de dos inventos “buenos”, pero bastó que la maldad humana las tomara para crear destrucción. ¿Y alguien duda de que lo mismo ya ocurre con la IA? Con tal de beneficiarse, el hombre es capaz de ignorar los derechos de quienes tiene a su alrededor, lo cual no tiene límite de edad ni de distancia, pues arrastramos el pecado desde que vinimos al mundo, y cualquiera sea el lugar en el que vivimos. A Dios hemos entristecido, le hemos dado la espalda. Pero él en su perfecto amor, nos ofrece la solución para no tener que condenarnos: su Hijo Yeshúa (Jesús), el que con su sacrificio pagó nuestro inmerecido rescate.