Su continuidad en el gimnasio y la recuperación del apetito, le permitió subir de peso y ganar masa muscular. Su regreso a la terapia, con un psicoanalista que supo cómo trabajar su autoestima baja, lo ayudó a darse más valor a sí mismo. La asistencia al “taller de la timidez”, provocó que el impulso hacia arriba fuera mayor todavía. En conclusión, unos meses después de la ruptura de su noviazgo, Pablo estaba mejor. Tal vez, más de lo que esperaba cuando, apenas separado, tan difícil le resultó vislumbrar una luz al final del túnel. Sin embargo, todo lo enumerado contribuyó a que saliera adelante. Y, por supuesto, también pensaba en rehacer su vida sentimental. Más allá de esta intención, todavía no había logrado descubrir si su crisis se había producido porque amaba a su ex, o por el impacto negativo que para él significó dejar de estar en pareja. Lo que sí era capaz de reconocer, era que disolución de la relación había dejado al desnudo esa enorme falta de confianza en sí mismo. Una confianza que gracias a los nuevos senderos que se empeñaba en transitar, empezaba a fortalecerse.
Esto se tradujo en que de a poco se sintiera capacitado para conocer a alguna chica y olvidar a aquella noviecita cuyo recuerdo seguía sobrevolándolo. Porque, en efecto, esa era la realidad. No le resultaba tan fácil olvidarla. Todos los días pensaba en ella. Imaginaba posibles reencuentros y la variedad de diálogos que ello podría desencadenar. “¿Estará con alguien?” Este interrogante, seguramente, era el que más repiqueteaba en su mente. La verdad es que eran escasas sus posibilidades de saberlo, aunque tampoco tenía demasiadas intenciones de averiguarlo. Tal vez, porque lo que sí tenía era miedo de sufrir, y mucho, en el caso de enterarse de que ella estaba con otra persona. Por otra parte, y aunque no frecuentaban los mismos lugares, en reiteradas oportunidades lo visitaba la sensación de sentirla muy cerca. Y de que en cualquier momento, podría llegar a cruzársela.
Muchos años después, escribió:
LUZ Y OSCURIDAD
A Dios se lo asocia con la luz. Donde él está hay claridad, brillo… Porque él es luz. En cambio, la ausencia de luz implica oscuridad, tinieblas. Allí, Dios no va. En el mundo, en sentido figurado, muchos eligen seguir en tinieblas, o sea, lejos del Creador. Su Palabra dice que no habiendo luz, no es posible visualizar la maldad. Así, quienes no admiten su pecado, huyen de la claridad para seguir amparándose en lo oscuro, pues si la luz se enciende, rompe con las tinieblas y lo peor de nosotros queda al descubierto. Muchos se niegan a aceptarlo, por eso, tampoco van hacia Dios para que los restaure, eligiendo permanecer en la oscuridad del pecado. Pero el Señor quiere rescatarnos de allí. Gracias a que su bondad lo permite, aún hay tiempo para dar un paso de fe y correr hacia la luz. Hagámoslo hoy; mañana, puede ser tarde.
Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Juan 3:19.