Dice una canción: “Cuando se duerman las flores recostándose en sus tallos, qué pena tendrá mi pena si tú no estás a mi lado”. La entonaba el gran Jorge Cafrune, al que tuve la dicha de ver en un recital en el Teatro SHA. Quedé impactada por la belleza de su voz y el hondo sentimiento de sus interpretaciones. Un artista excepcional, muy querido por el pueblo, que lamentablemente nos dejó muy joven, en un trágico suceso que nunca se aclaró.
Comenzó septiembre y ya se respira en el aire la proximidad de la primavera. Hoy, al salir a la vereda de mi casa, pude ver los durazneros con sus flores blancas y rojas. Los árboles deslumbran a los visitantes del Barrio Chino, quienes no dejan de filmarlos y sacarles fotografías, ya que su belleza los impacta.
No puedo dejar de mencionar entre los músicos que me conmovieron, al maestro Ariel Ramírez. Su música, creo yo, perdurará como la música clásica de Mozart. Esta, después de más de 200 años de haber sido escrita, me provoca una sensación indescriptible de felicidad, cada vez que la escucho.
Otra artista que me llegó al corazón fue la inolvidable Tita Merello. Era como una rosa en flor, una maravillosa orquídea o un clavel del aire. Me deslumbraba su avasallante personalidad, su sabiduría y al mismo tiempo su honestidad y su sencillez como mujer, aconsejándonos sobre todos los temas de la vida.
Hoy por la mañana comencé a recordar a mi tío Adolfo, el hermano menor de mi madre. Había momentos en que, juntos, interpretaban canciones en francés, el idioma que aprendieron en su niñez, cuando estuvieron en Paris, en casa de unos primos lejanos, luchadores de la Resistencia Francesa. Tuve la enorme satisfacción de conocerlos en un viaje que, gracias a Dios, pude realizar al recibirme de abogada y que nunca olvidaré.
Raquel Seltzer
Foto: diariohoy.net