En marzo, comenzaron las clases. Mariano tuvo unas vacaciones diferentes. Sus expectativas por el cambio de escuela le habían añadido una cuota impensada de nerviosismo a las últimas semanas de sus vacaciones. Finalmente, llegó el momento de presentarse en el nuevo establecimiento. Así confirmó que una de las novedades más significativas era el hecho de que los grados estuvieran divididos en A y B, algo que en su anterior colegio no existía. A Mariano le tocó el Sexto A. Walter, el vecino a quien conocía por haberlo recibido en su casa aquella mañana de las vacaciones, estaba en el B. Las aulas de ambos sextos estaban una al lado de la otra, en el primer piso de un colegio público muy bonito. Mariano se sentó junto a otro chico nuevo, llamado Alejandro. Enseguida se hicieron amigos. Alejandro era muy desenvuelto. En cambio, Mariano era tímido. Aunque no quería demostralo. A esa corta edad, entendía que la timidez podría jugarle en contra en la relación con sus nuevos compañeros. Si bien por lo general la idea del tímido es la de tratar lo más inadvertido posible, Mariano puso en marcha una estrategia para que sucediera lo contrario. Así, en aquellos primeros días, si la maestra se refería a los alumnos nuevos, Mariano levantaba la mano, para hacerse notar, como diciendo: “Sí, yo soy nuevo, acá estoy”.
Este acto de valentía, realizado con poca espontaneidad y bastante esfuerzo, le dio mayor confianza. De todos modos, había algo que le preocupaba. Y mucho. Mariano no quería que se supiera que su mamá había fallecido. Por eso, procuraba hablar lo menos posible de su familia. No quería sentirse diferente al resto; o, en otras palabras, que lo vieran como un bicho raro. Esto era lo que, según pensaba, le había sucedido en su anterior escuela. Es que en la primaria, no era usual que un chico no tuviese mamá.
Ese propósito de ocultar la verdad quería ponerlo en práctica, incluso, ante la maestra del grado, cuyo nombre era Mercedes. En cierto momento, las cosas se le complicaron. ¿Qué sucedió? Mercedes repartió unas planillas para completar con datos personales y familiares. Había que llevarla a casa, llenarla y devolverla en breve. Si Mariano completaba todo en función de los datos solicitados, quedaría al descubierto que su mamá había fallecido. Se le presentó, entonces, una situación compleja de resolver.
(*) Las historias son verdaderas. Los nombres, para preservación de los mismos, no siempre corresponden a sus protagonistas.
Muchos años después, Pablo escribió: “CUANDO HAYA DUDAS”
Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Santiago 1:5.
Tanto en el pasado como en la actualidad, las posibilidades de que las personas nos apartemos de Dios son muchas. Si incluso los creyentes más fieles deben pedirle al Señor que los ayude a lograr que su fe esté firme, ¿qué queda para quienes recién inician su camino de fe? Tal vez sin que nos demos cuenta de que detrás de todo esto está el enemigo de la humanidad, Satanás usa su astucia y pone obstáculos constantemente para debilitar nuestra confianza en el Creador de la vida. Y puede hacerlo de múltiples maneras. Sembrar dudas sobre la existencia y la bondad de Dios es una de ellas. Pero hay armas excelentes, como la oración y la lectura de la Palabra, a las que siempre tenemos a disposición para no caer en su red de engaño. Recurramos a ellas siempre, y más aún, si sentimos que estamos bajo el ataque de aquel que odia a la humanidad y lucha para causarle el mayor mal posible.