Hace unos días pude contemplar nuevamente el hermoso Jardín Botánico de Buenos Aires, al cual, en otra época concurría asiduamente. Recorría sus cuidadas sendas, que tenían la identificación de cada especie de árbol y planta. Su contemplación me embelesaba y me llenaba de paz interior, junto con el perfume y el color de las flores, algunas de las cuales también tenía en el jardín de mi casa, que mi mamá cuidaba amorosamente.
Para vos, Beatriz, los sentimientos son eso que se recuerda con el alma y el corazón. Sos buena y todos los que lo afirman están en lo cierto. Sos de la tierra de los deliciosos alfajores de fruta: Córdoba, la Docta, hermosa provincia provistas de ríos, arroyos y sierras por doquier. Fuiste, eres y serás más que una amiga. Recuerdo que te ofreciste a serlo y yo, por supuesto, acepté emocionada.
Hay dos canciones del rock nacional que para mí son inolvidables: La Balsa, creada en un bar del barrio de Once por Lito Nebbia y Tanguito, y Muchacha Ojos de Papel, del gran Luis Alberto Spinetta, quien lamentablemente nos dejó siendo aún muy joven. Los dos temas llevan en su letra un hermoso mensaje de amor y esperanza.
De mi lejana infancia recuerdo los aromas y sabores de los platos que preparaban mi mamá y mi abuela: la exquisita torta de cumpleaños decorada por mi tío Isaac, los panqueques de dulce de leche y los de queso, huevo, crema y ralladura de limón. Y especialmente, para los viernes a la noche, cuando empezaba el Shabat, el pan trenzado, el pastrón y la tarta de manzana.
Entre los libros que leí en mi adolescencia recuerdo especialmente a “Mujercitas”, de Luisa May Alcott. Está referido a una mujer que debe esperar el regreso de la guerra civil estadounidense, junto a sus hijas. Ellas, sin otra ayuda que su fe, pudieron sortear las dificultades del destino que se les presentó en sus vidas. Me impresionaba el coraje que tuvieron, siendo aparentemente mujeres solas y débiles. Pero movidas por la esperanza y la seguridad que Dios les daba, llevaron adelante sus vidas sabiendo que el amor es la fuerza que mueve al mundo.
Raquel Seltzer
Foto: el Jardín Botánico Carlos Thays (historiasenverde.com).