El tango, el tango…. El más porteño de los géneros musicales, tenía en la primaria su espacio de privilegio. La década de 80 enaltecía la canción ciudadana en aquel inmenso salón de música de la escuela República del Ecuador. El piano sonaba y las notas llenaban el ambiente estudiantil, dirigidas por la encomiable tarea de la “señorita”. Pero, ¿cómo se llamaba ella? El interrogante seguía dando vueltas por mi mente… Hasta que resolví terminar con la intriga y preguntar… Insólitamente, no existe ningún grupo de Whatsapp –al menos no que yo sepa- que reúna a mis ex compañeros de grado. Pero sí conservo en el Facebook, algunos amigos –por más que esa palabra, por el paso del tiempo hoy no sea la más adecuada- a los cuales poder consultar. Sabía que la pregunta sonaría muy descolgada, considerando que el contacto con ellos se volvió muy esporádico o directamente es nulo. Así y todo, decidí molestar a aquellos con quienes, aunque muy poco frecuente, mantengo una mínima comunicación por escrito. El primer intento fue fallido: Diego, un “chico” que vive en el exterior, nunca me contestó. Habiendo transcurrido unos 15 días, decidí probar con Paula, quien ya tampoco reside en la Argentina. Pasaron sólo unos días y llegó su amable respuesta, aunque no el nombre de la profesora. De todos modos, Paula dijo que averiguaría. Muy pronto, cumplió. El misterio lo develó su hermano, apenas menor que ella y también, ex alumno del Ecuador. ¿El nombre de la profe? Beatriz García. Creí que al saberlo, podía experimentar una súbita recuperación de la memoria y exclamar una especie de “ah, claro, ahora sí me acuerdo…” Pero eso no ocurrió. Me alegré, eso sí, por haber hallado la respuesta tan anhelada.
Y cómo corolario, qué mejor que sacar del archivo uno de los tangos que nos enseñó la seño de música, a la que ya puedo identificar con nombre y apellido… La letra de El Trompo Azul la compuso Cátulo Castillo. La música, le pertenece a otro grande, Héctor Stamponi. Y si bien no es uno de los temas más conocidos del género tanguero, fue nada menos que Susana “La Tana” Rinaldi, una de las intérpretes que se encargó de ponerle su voz a esta exquisita poesía ciudadana. Mientras escribo estas líneas, el Youtube vuelve a reproducir el tema. No puedo resistir a la tentación de mirar los comentarios que la gente dejó debajo del video. Quiero asentar una de esas opiniones cargadas de nostalgia en este artículo, y elijo una frase de un usuario que, hace once años, escribió: “Gracias nuevamente por este video que aunque sea desgarrador es hermoso”.
Yo tuve un trompo azul que fue mi hermano,
lejano saltarín de piedras viejas,
por la zurda del barrio a contramano
y en calles de portones y de rejas.
La punta de su acero fue una estrella,
ninguno en la querella fue mejor,
y en cambio, dormilón, en manos de ella,
se dio a soñar, temblándole el amor.
¡Mi trompo juguetón!
La poesía
del grillo del zanjón
¿qué le daría
si no su corazón
y el silbo del violín
sin fin
del callejón?
Mas la tierra girando alucinada,
como un trompo gigante de la nada,
nos traicionó, llevándose al confín,
la esquina y el jazmín,
la luna y su mirada.
Mi soledad
manchada de verdín,
regresa sin edad
a la ciudad
de barro y adoquín.
Foto: El hall de entrada de la Escuela República del Ecuador, en La Paternal.