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La separación de su ex había sido traumática para Pablo, pero no se produjo en malos términos. Si bien el momento resultó muy doloroso para él, sabía que la relación, así cómo estaba, no podía continuar. De manera que se hizo a un lado, consciente de que cada uno debía seguir su camino. Sin embargo, tenía una sensación de que volverían a encontrarse. Ignoraba bajo qué circunstancias sería, pero al margen de esta incertidumbre, existía un íntimo deseo de que no sólo fuera un encuentro ocasional, sino que más adelante, volvieran a conformar una pareja.

De todos modos, tenía claro que no era este el momento. El duelo recién estaba en una etapa primaria y las heridas seguían abiertas. Así y todo, Pablo tuvo el impulso de hacer méritos a mediano o largo plazo, con la mirada puesta en una eventual reconciliación. Una tarde de primavera, tomó el celular y telefoneó a la casa de su ex. ¿Para hablar con ella? No, pero sí con su madre, en el día de su cumpleaños. Pablo recordaba muy bien la fecha y como su relación con la señora siempre fue muy cordial, resolvió saludarla en este nuevo aniversario de su natalicio. Al ser domingo, él intuía que su hija, estaría presente en el instante del llamado. Y, seguramente, también eso era lo que deseaba: que ella supiera que el ex novio “se acordó del cumpleaños de mamá”. Porque, si bien también era incuestionable su afecto por la cumpleañera, ¿para qué negar que existía un tema estratégico detrás de la llamada? El corazón le galopó fuertemente en los segundos previos a marcar el número. Las preguntas se amontonaron en su mente: ¿qué hago si no atiende ella pero sí la hija? ¿Y si me entero que está saliendo con otro? ¿Y si arreglamos para volver a vernos?

Finalmente, todo transcurrió muy rápido: en la breve charla telefónica, Pablo se limitó a entregarle el tradicional saludo a la agasajada, quien, quizás sorprendida, agradeció muy amablemente, tal como era su costumbre. Después, se despidieron y cortaron la comunicación. Habrán hablado menos de un minuto, lapso en el cual, él se preocupó por que sus palabras transmitieran entereza y superación. En realidad, todavía le quedaban muchas secuelas del intenso dolor atravesado.

Muchos años después, escribió:

PELIGRO SILENCIOSO

Una de las mayores habilidades del diablo es pasar desapercibido: son muchos los que piensan que no existe, y lo ven sólo como un personaje de ficción, pícaro y simpático. Pero la Palabra de Dios dice lo contrario: que es una criatura real, que se rebeló ante el Creador y pretendió ocupar su lugar. En su lucha, trata de poner al ser humano en contra de Dios. Utilizando su astucia, quiere apartar a las personas de él aquí en la tierra, y así provocar que pasen la eternidad lejos del Cielo una vez que deban partir de este mundo, porque ese es también su propio destino. El diable existe y busca dañarnos en forma silenciosa. Sin embargo, su cobardía lo hace escapar de la presencia de Dios. Si somos fieles al Señor, si nos quedamos cerca de él, nuestro padre celestial también nos mantendrá a salvo de los peligrosos ataques del enemigo.

Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Efesios 6:11.

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