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En el PH del cual formaba parte la vivienda de la tía de Mariano, había tres departamentos distribuidos en la planta baja. Todos se comunicaban por intermedio de un largo pasillo, con acceso en común por la puerta que daba a la calle Linneo. Pero además, con entrada independiente desde el exterior, junto a la entrada al PH, había otra casa, donde vivían una mujer y su mamá. A ambas se las conocía por su apodo: la señora más grande, Doña Lola, que tenía casi ochenta años, solía estar sentada en una silla colocada en la vereda. Allí pasaba largos ratos, observando y quizás disfrutando del escaso movimiento de aquella tranquila cuadra. La esquina con la muy transitada Avenida San Martín se encontraba muy próxima. Sin embargo, la circulación vehicular por Linneo era mínima. A la hija de Doña Lola, que tendría unos cincuenta años, la llamaban Poncho. Esta familia era la propietaria de las tres viviendas del PH, con lo cual, quienes residían en el pequeño complejo, debían abonarle a Poncho una suma mensual, en concepto de alquiler. La familia de Mariano mantenía una cordial relación con todos los vecinos, aunque claramente, el vínculo más estrecho era con Ester y Cholo, el matrimonio que residía en el primero de los departamentos.

(*) Las historias son verdaderas. Los nombres, para preservación de los mismos, no siempre corresponden a sus protagonistas.

Muchos años después, Pablo escribió: “MÁS QUE UNA IDEA”.

Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón.  Jeremías 29:13.

A lo largo de la vida, uno podría encontrarse con gente que opine de nuestro Creador de diferentes maneras. Algunos dicen: “Dios es una idea en la mente de las personas, pero no es real”. Este es un modo de desacreditar a los creyentes en forma elegante pues semejante afirmación equivale a sentenciar diplomáticamente que Dios no existe. Sin embargo, aquellos que realmente lo busquen de corazón, podrán darse cuenta de que Dios es real, concreto. Y que además de ser el creador de la vida, interactúa constantemente con quien lo invoca, ayudándolo y enderezando sus pasos de acuerdo a su infinitos amor y sabiduría. Podremos toparnos con muchísimas opiniones sobre él, pero cuando experimentemos internamente lo que es capaz de hacer en nuestras vidas, ya ningún comentario burlón o despectivo nos hará dudar de su presencia.

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