Las presentaciones iban sucediéndose en forma rápida. No más de cinco minutos por persona, era el tiempo dispensado por la coordinadora, quien con su trato amable, hizo sentir a Pablo muy cómodo en aquella reunión inicial del “taller de la timidez”. En ese sentido, percibió que la experimentada mujer a cargo del ciclo, empatizaba con los participantes, manejando la charla con gran aplomo y pericia. Hasta que, finalmente, llegó también su momento. Pablo procuró decir –sin que se notara su nerviosismo- unas pocas frases, que según planificó, debían ser cortas y directas. Tenía bien pensadas sus palabras y el lugar al cual apuntaría su explicación. Entonces, cuando la coordinadora lo habilitó para que interviniera, y luego de mencionar nombre y edad, se largó a hablar. Y dijo algo más o menos así: “Hace poco me separé de mi novia después de varios años de relación. La ruptura me dejó bastante bajoneado. Entendí que el noviazgo estaba ocultando algunos aspectos de mi personalidad que no funcionan bien, aunque estando en pareja no me daba cuenta o no quería darme cuenta. Ahora que esa etapa se terminó, saltó todo y me generó una crisis de autoestima. La separación es dura pero la idea es no dejarme estar, salir adelante. Empecé con terapia individual pero me pareció que aparte, estaría bueno hacer algo más. Y bueno, acá estoy…”
Pablo se sintió reconfortado, como si se hubiera sacado de encima un enorme peso, apenas concluyó su comentario. La coordinadora lo escuchó con atención -lo mismo que sus compañeros- y por la breve devolución que le hizo, pareció comprender muy bien el panorama. Unos minutos más tarde, habiendo ya hablado todos los integrantes de la ronda, finalizó la sesión. Pablo se retiró de la cafetería con la satisfacción del deber cumplido y confiando en que eran alentadoras las perspectivas de dejar atrás los sombríos momentos vividos.
Muchos años después, escribió:
PRUEBA SUPERADA
A la fe se la podría definir como la confianza en Dios. Si creemos en él sin verlo, eso significa que tenemos un buen nivel de fe. Pero puede ocurrir, también, que ante circunstancias difíciles, una persona deje de confiar en Dios, o sea, que su fe se debilite. El Señor anhela que la fe de sus hijos permanezca fuerte, porque ella, además, es un instrumento para lograr grandes cosas. Por eso, a veces, permite que atravesemos nomentos complejos, como una enfermedad, un problema familiar, etc. Gracias a eso, él prueba nuestra fe. Pero no sólo eso: si nos mantenemos fieles a él, nos ayuda para que podamos vencer esas dificultades. Y luego de superar la prueba que pasamos, habremos crecido en múltiples aspectos de nuestro carácter y con una fe que estará cada vez más firme.
En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Hebreos 11:6.