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Anécdotas del fútbol de Buenos Aires.

CUATRO PROTAGONISTAS Y UN CRUCE FRUSTRADO.

Dos hermanos y dos primos. De esta manera puede sintetizarse el caso de la familia Escudero, cuyo pionero fue Osvaldo Salvador (categoría ‘60 y campeón mundial juvenil en Japón ‘79), más conocido como el Pichi. Siguió su hermano Sergio Ariel (1964), completando el cuarteto Damián (1987, hijo de Osvaldo) y Sergio Ariel (1988, hijo de Sergio Ariel, llamado exactamente igual que su padre). Protagonistas de largas campañas, son varias las instituciones por los cuales pasó más de un integrante del clan. En Chacarita, por ejemplo, hicieron los cimientos de sus respectivas trayectorias los dos mayores. Por Boca, pasaron Osvaldo y su hijo Damián, siendo el Pichi quien mayor suceso alcanzó, gracias al recordado título de 1981. Vélez también los tuvo a los dos, si bien en Liniers Damián –surgido de su semillero- se destacó en mayor medida. Finalmente, el Urawa Red Diamonds, de Japón, cuenta como denominador común a tres Escudero: los dos mayores y Sergio Ariel (h), quien, nacionalizado japonés, incluso formó parte de este seleccionado. De los cuatro, Sergio Ariel (h) es el único que no llegó a actuar oficialmente en la Argentina en primera, pero sí jugó en las inferiores de Vélez junto a su primo Damián.

Como dato extra, los hermanos mayores se enfrentaron en la temporada ‘85/86, con el Pichi defendiendo los colores de Independiente y Sergio en el Funebrero. En la rueda inicial los dos jugaron el tiempo completo (ganó el Rojo 1-0 en Avellaneda). En la revancha, en San Martín, ocurrió algo muy curioso. El Pichi arrancó de titular y lo relevó Guillermo Ríos a los 25’ del segundo tiempo. Su hermano empezó en el banco y reemplazó a Giachello… ¡a los 25 del mismo período! Ese día volvió a ganar Independiente, 2 a 0.

TRIPLE GENERACIÓN, TRIPLE ACTIVIDAD.

La historia de los Lamolina vincula a tres generaciones y tres actividades: arbitraje, dirección técnica y práctica futbolística. El abuelo Franciso fue árbitro de Primera División entre 1954 y 1954. Retirado del arbitraje, condujo técnicamente a Tigre en la década del ’70. Su hijo, Francisco Oscar (nacido en 1950) siguió sus pasos en la carrera arbitral, llegando a la categoría de internacional en los ’80. Pero antes de encarar la profesión, estuvo en las inferiores de Tigre, llegando a jugar dos partidos en su división superior en 1970, cuando los de Victoria militaban en Primera B. El tercer eslabón de la cadena es Nicolás (1982), quien actuó en Tigre y El Porvenir –ambos sin debutar en primera- para luego hacerlo en Central Ballester, donde sí se desempeñó en la máxima categoría en 2003/2004, estando los de José León Suárez en la D. Luego, dejó el fútbol para dedicarse al arbitraje. El menor de los Lamolina escaló peldaño por peldaño, en 2014 debutó en la Primera División local y poco después, lo nombraron internacional.

POCOS PERO ATAREADOS.

Los Calabria no constituyen una familia numerosa en lo que con el fútbol oficial se relaciona. Sin embargo, sus actividades incluyen numerosos niveles del deporte más popular: jugador, árbitro, técnico y dirigente. Ricardo, el padre (nacido en 1943), se hizo conocido por su actuación como árbitro, ya que se desempeñó entre 1978 y 1992 en dicha función, siendo designado internacional en 1981. Al retirarse y con el título de entrenador bajo el brazo, trabajó en las inferiores de San Lorenzo –club del cuál era hincha- y El Porvenir. Con los de Gerli, ascendió de la B Metropolitana al Nacional B en la temporada 1997/98. En su faceta menos conocida, había jugado en Victoriano Arenas, en Primera D. Pero una lesión le impidió continuar y colgó los botines a los 27 años. Su hijo Bruno Javier (1979) fue futbolista de San Lorenzo, donde comenzó, y de numerosos equipos. Retirado de cancha de once en Deportivo Español (2011) jugó al futsal para el Ciclón. Luego, se abocó a la labor dirigencial en la misma institución. Junto a su hermano Franco, y durante muchos años, Bruno condujo el futsal sanlorencista.

Foto: los Calabria, Bruno, Ricardo y Franco

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