DEPORTE PORTEÑO

UNA CAMINATA POR LA HISTORIA DEL FÚTBOL

De pronto, todo se llenó de admiración y curiosidad… Minutos atrás aquel sitio parecía no generarle a nadie el mínimo interés. Pero bastó que acudieran algunas personas a la convocatoria gratuita hecha a través de Internet, para que todo cambiara radicalmente a metros del Planetario, a media mañana de aquel martes del 2 de abril.

En tanto algunos hacían su rutina deportiva por el verde palermitano, mientras otros, para aprovechar el feriado, pensaban en armar un picnic cerca del lago, y otros caminaban absortos en sus pensamientos, unas veinte personas iban reuniéndose junto a una especie de monumento y dos placas que tenían la misión de recordar acontecimientos acaecidos hace más de cien años.

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La alta temperatura y el sol abrasador -poco usuales para la época otoñal-, no fueron impedimento para que ese grupo de ávidos consumidores de la historia del fútbol, rodeara con sumo entusiasmo a quien tenía la voz cantante: Luis Marzoratti, ingeniero civil y creador del blog Viejos Estadios, web destinada a revelar hechos de los orígenes de este deporte con la meticulosidad, la seriedad y la precisión que sólo cierta clase de apasionados podrían ofrecer. Marzoratti, un especialista -entre otras cosas- en estadios que ya no existen, proponía hacer una recorrida por las canchas de Estudiantes de Buenos Aires, Porteño, la Sociedad Sportiva y GEBA, todas ubicadas en el barrio de Palermo aproximadamente un siglo atrás.

Y el punto de partida, no podía ser otro que el lugar en el cual se levantaba el monolito que homenajeaba al descampado (aún no se lo podía denominar estadio) en el cual, un 20 de junio de 1867,  se jugó por primera vez un partido de fútbol en la Argentina.  En ese entonces, los terrenos del Planetario, pertenecían al Buenos Aires Cricket Club, y dos equipos afines a la legendaria institución -que sigue con vida, aunque dedicada al rugby- midieron fuerzas utilizando un conjunto de reglas que serían la semilla de lo que unos años más tarde, se convertiría en el fútbol que conocemos hoy en día.

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De todo eso habló Marzoratti, muy bien secundado por esta veintena de fervientes adeptos a la historia del más popular de los deportes, entre ellos, Esteban Bekerman, artífice del encuentro y titular de Entre Tiempos, un espacio (se le lo podría llamar librería, pero es mucho más que eso) especializado en literatura futbolera, que, cuentan, es única en el país.

Media hora después de intercambiar información en el punto de encuentro, el grupo emprendió la marcha rumbo al Rosedal. La primera parada fue, dentro del mismo parque, en Avenida del Libertador a la altura del 3600. Es que en lo que actualmente es Plaza Holanda, había dos estadios: el de Estudiantes y el de Porteño. Los primeros siguen en la actividad pero están hace ya un largo tiempo afincados en Caseros; los segundos dejaron el fútbol en proximidades del Profesionalismo, y más adelante se establecieron en la localidad de San Vicente, identificándose con el rugby.

El grupo se trasladó luego a Libertador al 3900, donde está el portón de ingreso al Campo Argentino de Polo. Allí, se jugaron grandes partidos que involucraron a los primeros equipos extranjeros que llegaron a estas costas: ingleses, uruguayos, sudafricanos… La Selección Nacional fue anfitriona de esas multitudinarias contiendas y hasta el célebre Alumni jugó en la cancha de la Sociedad Sportiva Argentina, logrando una hazaña en 1906: que un equipo local derrotara por primera vez a uno del exterior, en este caso, un combinado de ingleses residentes en Sudáfrica.

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La última parada, antes de volver al punto inicial, fue en la puerta de GEBA: Dorrego al 3600. El de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, fue uno de los grandes estadios que tuvo el joven fútbol argentino. El club estuvo afiliado a la primigenia AFA (aún no denominada de ese modo) y su estadio, ha sido escenario de recordados cotejos internacionales, inclusive, una Copa América.

Quedaba tiempo para un «avistaje» más. Unos cien metros hacia el Este, Marzoratti señaló unas rejas, detrás de las cuales Estudiantes de Buenos Aires había tenido otro de sus fields después de haber sido desalojado del predio de Plaza Holanda. Este predio, sólo fue posible verlo de lejos, pues la avenida Figueroa Alcorta en el medio y el carácter privado de la propiedad, desalentaron la aproximación de los hinchas, que, por otra parte, habían acumulado un comprensible cansancio luego de atravesar un periplo que se extendió por más de dos horas e intenso calor.

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Fatigados pero felices por haber vivido una grata experiencia, los integrantes del grupo se dispersaron. En el regreso a sus hogares, probablemente, hayan revivido una y otra vez los mejores momentos de aquella mañana inolvidable.

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