«TE PROCLAMO BUENOS AIRES MI CIUDAD…»

Escuela N° 10, República del Ecuador. Distrito Escolar 14. Espinosa entre Manuel Ricardo Trelles y Ávarez Jonte. Barrio de La Paternal. Cómo no recordar aquel colegio primario. Cómo no recordar sus aulas, su patio, sus pasillos… Su salón de música. Que era la misma que el salón de actos. Donde estaba el piano y el escenario. Un recinto de piso de parquet, en el primer piso, provisto de confortables butacas donde abanderados y escoltas ingresaban con la celeste y blanca de ceremonias. Una experimentada profesora de la que lamentablemente no recuerdo su nombre, se sentaba junto al piano y daba cátedra. En la hora de música, los alumnos nos acomodábamos en las graderías de madera. Parados uno al lado del otro, aprendíamos las canciones escogidas por aquella entusiasta profesora que a principios de la década del ’80, debería, quizás, andar por los 50 años. Aprendíamos y cantábamos, acaso contagiados por el derroche de energía de esta maestra cuyo repertorio tenía en el tango, seguramente, a uno de sus géneros predilectos.

No en vano, tantos años después, de tanto cantarla, sigo recordando al detalle la letra y la música de Mi Ciudad y mi Gente, el tema que Eladia Blázquez compuso en 1970.

Aunque me dé la espalda de cemento,

me mires transcurrir indiferente,

es esta mi ciudad, esta es mi gente

y es el lugar donde a morir me siento.

Buenos Aires, para el alma mía

no habrá geografía mejor que el paisaje

de tus calles,

donde día a día me gasto los miedos

las suelas y el traje.

No podría vivir con orgullo

mirando otro cielo que no fuera el tuyo

porque aquí me duele un tango

y el calor de alguna mano

y me cuesta tanto el mango que me gano.

Porque soy como vos, que se niega o se da

te proclamo Buenos Aires mi ciudad.

Aunque me dé la espalda de cemento,

me mires transcurrir indiferente,

te quiero Buenos Aires y a tu gente,

y entre tu gente moriré contento…

Contento…

Porque soy como vos, que se niega o se da

te proclamo Buenos Aires mi ciudad

Porque soy como vos, que se niega o se da

te proclamo Buenos Aires mi ciudad.

Hallé la letra de esta canción en diversas páginas de Internet. Pero quisiera desmenuzar ciertas diferencias que encontré con la versión que cantábamos en el colegio.  A saber:

-En el primer verso del tango ya hay algo llamativo: en la versión aprendida en la escuela, la cantautora le hablaba directamente a Buenos Aires diciéndole  “aunque me DES la espalda de cemento…” En otras versiones, al expresar  “aunque me la espalda de cemento…”, no se le habla a la Ciudad sino que se hace alusión a ella de manera indirecta. Llamativamente, en el segundo verso, al señalar, “me MIRES transcurrir indiferentes”, el cambio se vuelve evidente y Buenos Aires pasa a ser uno de los protagonistas de este imaginario diálogo.

-Donde dice “el mango que me gano”, nosotros cantábamos “el peso que me gano”. Esto se debe a que estábamos en épocas de dictadura militar y el Gobierno, según entiendo, había prohibido la utilización de palabras en lunfardo, si no en todos lados, al menos, en lo que respecta a establecimientos como éste, que eran de enseñanza pública.

-Hay una versión que culmina con una estrofa distinta a la publicada, la cual figura en muchos sitios especializados, y que también es la que entonábamos los alumnos del República del Ecuador. En lugar de “Aunque me dé la espalda de cemento/ me mires transcurrir indiferente/ te quiero Buenos Aires y a tu gente/ y entre tu gente moriré contento…Contento…”, dice esta otra: “Aunque me dé la espalda de cemento/ me mires transcurrir indiferente/ te quiero Buenos Aires y a tu gente/ y entre tu gente SIN QUERER, TE ENCUENTRO… ME ENCUENTRO...”

En fin, al fin y al cabo, pequeños detalles que no empañan hermosos recuerdos cargados de nostalgia.

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