SIÉNTETE LINDA

Siéntete linda, como si estuvieras en el Sur argentino, mirando el cielo y las estrellas, observando el firmamento infinito y sintiendo la presencia del Dios Todopoderoso.

Dulce vida, te gozo plena de alegría, después de la tormenta hay paz, esa paz que me invade con aroma de rosas y jazmines, con el canto de los pájaros en la mañana y la belleza del crepúsculo al anochecer.

Queridos amigos, todos ustedes están siempre en mi corazón, espero que se diviertan juntos gozando de la vida. Todas las noches los recuerdo en mis oraciones, y pido al Señor por el bienestar eterno.

Quiero treparme a lo alto de la montaña para después, despacito, poder bajar. Quisiera también observar el día desde lo alto, sentir como es estar cerca de las nubes y ver el fondo del valle y al arroyo cristalino descender entre las piedras, hasta perderse en la lejanía del paisaje.

La voz humana es para mí lo más importante, ella se eleva en tonos agudos o graves, y así, cada una, es una pieza musical maravillosa que a nadie deja de impactar. Y logro sentirme deslumbrada, escuchando a las sopranos, los tenores y los barítonos cuando me transportan a mundos imaginarios y casi perfectos.

Cuando el poeta habla, caen de sus mejillas lágrimas de emoción; cuando él recita se forma a su alrededor una ronda de personas que lo escuchan: cuando él oye el trinar de los pájaros lo describe, cuando el poeta existe todo se transforma en una belleza peculiar.

Sinfonía de colores, yo los veo con diferentes matices: rojos, verdes, azules y blancos; cuadros distintos en este día festivo de La Patria, hagamos una ronda y bailemos con alegría.

Soledad, yo te llevo en mi alma, como una flor en el ojal, soñando con los amores de mi vida, con mis familiares, los que están presentes y quienes ya no lo están.

A pesar de los dolores del alma, que a veces nos castigan con fuerza, la esperanza de que el amor resurja no muere jamás. Canto a la vida que nace desde el fondo de la tierra, al amor por todos, a la naturaleza, a los poetas que hacen más lindas las cosas diarias.

Raquel Seltzer

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