PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

“Su miedo a sufrir una pérdida se complicó porque comenzó a temerle más de la cuenta a la instancia previa. O sea que no lo atormentaba solamente recibir el resultado de un análisis médico. Además, sufría porque debía atravesar la traumática instancia previa a ese momento”. Esto era lo que sentía Pablo, por ejemplo, cuando estaba por recibir el resultado de un estudio médico. El concepto parece un poco confuso. ¿Qué qué querrá decir tanto palabrerío? Se lo podría definir de manera más resumida, diciendo que Pablo no soportaba la incertidumbre. Al margen del temor que le provocaba un eventual mal resultado, sufría exageradamente el momento de la espera. Es que durante dicho lapso traumático imaginaba escenarios catastróficos… Si esa espera implicaba un potencial peligro (como ser la posibilidad de una enfermedad mortal) a Pablo le alcanzaba para caer en la desesperación. Y aunque ese potencial peligro fuera muy pequeño, durante esos períodos de incertidumbre, su mente cumplía la función de una lupa, aumentando considerablemente tanto el tamaño del riesgo, como sus preocupaciones.

Dicho en otras palabras, Pablo necesitaba creer que tenía el control para no perder su tranquilidad. Por supuesto, si había algo que escapaba a su control, era su salud. Por más que se cuidara mucho en las comidas o hiciera ejercicio, estar completamente sano era algo que ya no dependía de sí mismo… A medida que la incertidumbre crecía, su control sobre las cosas disminuía. En consecuencia, también aumentaba su fastidio, su malhumor… Y sí… su miedo.

Un día, escribió: “Una mente brillante, pero…”

La mente humana es brillante pero su corazón, al mismo tiempo, es capaz de producir grandes males. ¿Un ejemplo? Extraordinarios inventos en la historia de la humanidad, luego fueron utilizados para cometer las peores barbaridades. Se cuenta que la pólvora, al ser descubierta en China, en principio no tuvo una finalidad bélica. Con ella se hacían fuegos artificiales. Poco después, ya se utilizaba para la guerra. Las armas fueron perfeccionándose, y siglos más tarde, no hace falta aclarar lo que significan en la propagación de asaltos, crímenes, etc.  La bomba atómica es otro ejemplo: primero se descubrieron los procesos para provocar una reacción nuclear. Más adelante, valiéndose de esto, artefactos de destrucción masiva causaron terribles masacres.

Si bien no todas las personas son capaces de robar y matar, hay componentes nocivos que anidan en ellas, como el egoísmo, la codicia y la falta de amor hacia el prójimo. Estos elementos, que sí son comunes a todos, contribuyen a dificultar cada vez más la supervivencia de la Tierra. Y así, vemos como una mente privilegiada, también puede generar el caos, unida a los bajos instintos del alma. ¿Cómo se anulan estos pecados que irremediablemente nos conducen al precipicio? Por más esfuerzos que haga o buena voluntad que ponga, el hombre no puede lograrlo por sí mismo. La única salida es reconocerse pecador y aceptar el perdón que Dios quiere darnos. Sólo si así lo hacemos, gracias al sacrificio del Mesías, Yeshúa (Jesús), quien pagó con esta obra por los pecados que nos pertenecen, nuestra completa restauración será posible.

Un sustento bíblico:

Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas. Santiago 3:16.

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