PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

Después de tantos recuerdos que extrajo de su memoria, explicaciones que intentó hallar y conclusiones que sacó, Pablo trató de elaborar un resumen. ¿Cómo se podría sintetizar en pocas líneas, lo que escribió hasta aquí? , se preguntó. Y trazó el siguiente bosquejo:

-La ansiedad y los miedos estaban presentes en él desde que era niño, aunque no eran en absoluto, un obstáculo para su vida.

-En la adolescencia siguieron manifestándose, pero a cuentagotas. Todavía no representaban una preocupación importante.

-Recién cuando Pablo fue padre, a los treintaipico, el conflicto se aceleró y tiempo más tarde, estalló. La denominada “crisis de los cuarenta” lo golpeó con dureza.

-Se hizo preguntas existenciales que no podía contestar. También tuvo preocupaciones derivadas del intrigante “¿qué será de mi familia si a mí me pasa algo?”.

-Se aferró con todo a la posibilidad de que nada grave le ocurriera. El peligro a enfermarse le quitaba el sueño.

-Quería mantener todo lo “ganado”, que nada en su vida se modificara. Porque todo cambio implica una pérdida. Y él no quería perder nada de lo que consideraba que era suyo. La pérdida de la salud lo atormentaba, pero además también temía tener que desprenderse de los afectos, del tiempo, del dinero y hasta de su comodidad.

-Experimentó una obsesión por controlar todo. Así, creyó que mediante cábalas y tocs, podía ahuyentar el peligro y evitar que algo en su vida cambiara.

-Su miedo a sufrir una pérdida se complicó porque comenzó a temerle más de la cuenta a la instancia previa. O sea que no lo atormentaba solamente recibir el resultado de un análisis médico. Además, sufría porque debía atravesar la traumática instancia previa a ese momento.

Un día, escribió: “Naturaleza y Universo”.

Mucha gente no desconoce lo maravillosa que es la naturaleza. Al verla, saben apreciar su hermosura y su complejidad. A veces es tanta la admiración que  despierta, que hay personas que la idolatran, señalándola como la autora de todo lo que existe, como si la naturaleza, fuera un organismo que -por casualidad o voluntariamente-, hubiera podido construirse a sí misma. Quizás, lo mismo oímos del universo, al cual se le suele adjudicar todo lo creado.

Si usted lo analizara, se daría cuenta de que tanto una como el otro, por más excepcionales que sean, no son más que materia. Cosas. Objetos. Pero hay personas que con tal de no reconocer la presencia de Dios, son capaces de darle carácter divino a la naturaleza y al universo. Aseguran “no hay Dios”, pero como la majestuosidad de lo que nos rodea es innegable, se tranquilizan pensando que una fuerza natural construyó todo. Así, pueden desligarse de tener que reconocer al Señor como diseñador. Quienes argumentan esto, a veces lo hacen porque lo que en realidad les molesta, es saber que junto con la Creación, el Señor entregó leyes que son para que el ser humano cumpla. El hecho de apartar a Dios de sus vidas, es un acto que además libera el camino para no estar bajo Sus normas. La naturalaza, en cambio, no nos ordena ningún cumplimiento de reglamentaciones. Para tantas personas, por eso, resulta el dios ideal. Aunque cuando dejemos este mundo, no será ni ella ni el universo quienes nos pidan cuentas, sino ese Creador que hizo las leyes. Y no solamente esto, sino que viendo que no podemos cumplirlas, nos ofrece Su perdón, para que seamos salvos y tengamos vida eterna, en vez de ir a un lugar apartado de Él para siempre. Esa extraordinaria posibilidad está disponible mientras dura nuestro paso por la Tierra. Pero si rechazamos también a Su hijo Yeshúa (Jesús), quien pagó por pecados que son nuestros, estaremos rechazando el perdón, de modo que, lamentablemente, al no haber salvación, lo que queda es la condenación.

Un sustento bíblico:

Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con Él mediante la muerte de Su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! Romanos 5:10.

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