PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

¿Un TOC es lo mismo que una cábala? Pablo se hizo esta pregunta y la respuesta que pensó fue casi inmediata. No. Son, eso sí, bastante parecidos. La cábala abarca un amplio conjunto de elementos: cintas rojas contra la mala suerte, cruzar dedos, no apoyar el pie izquierdo al levantarse, usar determinada indumentaria… Hay cábalas personales y cábalas populares. Este tipo de conductas cuenta con una especie de aprobación generalizada, si hasta despiertan simpatía y tienen “buena prensa”. En cambio, un trastorno obsesivo compulsivo está visto con mucha mayor seriedad y da lugar al gesto adusto, porque se sabe que quien lo tiene, realmente lo padece y desprenderse de él, puede llegar a resultarle una empresa terriblemente difícil. Sin embargo, la cábala y el TOC –concluía Pablo- se encuentran estrechamente conectados. Los dos, derivan de la gran necesidad del ser humano de tener todo bajo control, de tratar de manejar el destino con estos procedimientos absurdos. Pero ningún ser humano, por más que en forma inconsciente se empeñe en hacerlo, puede controlarlo todo. Y menos, apelando a una cábala o un TOC. En una etapa de su vida, Pablo sufrió a ambos por igual. Dentro de su confusión, se daba cuenta de su inútil efecto Pero no lograba deshacerse de ellos.

Muchos años después, escribió: “A los animales, a las plantas… ¿y a las personas?”

El amor que mucha gente siente por los animales es digno de destacar. Tanto es así que como evidencia, está lo que creció el veganismo, un movimiento que respeta sus derechos a tal punto, que ni siquiera el huevo de una gallina utiliza como alimento. Lo llamativo es que este loable amor por la creación de Dios, no puede trasladarse a la propia especie.

Si entre seres humanos, se pudiera poner en práctica ese amor que muchos sienten por los reinos animal y vegetal, no hay dudas de que el mundo sería diferente. Alcanzaría con tratar al prójimo así como nos gustaría que nos traten a nosotros. Bastaría con no hacer cosas que no quisiéramos que nos hagan… Pero está comprobado que el hombre no puede, y que esos pecados que no consigue evitar, están conduciéndolo a la autodestrucción: su orgullo lo aleja de Dios, su egoísmo lo lleva a enemistarse con sus semejantes. En tal estado de rebelión, nunca podrá detener la caída del planeta ni acceder a un lugar junto a Dios después de la muerte física.

Solamente el Señor era capaz de remediar este problema… Y la solución llegó gracias al sacrificio de Su hijo Yeshúa (Jesús), el único que jamás pecó, y cuya muerte redentora sirvió para pagar por los pecados que los hombres no podrían pagar por sí mismos. Aceptar esta solución que Él nos ofrece significa dejar de lado nuestro orgullo, equivale a entregarnos al amor que intenta darnos nuestro padre celestial. Ignorarla, implica seguir en estado de rebelión y alejarse peligrosamente de una eternidad a Su lado.

Un sustento bíblico:

(Dijo Yeshúa –Jesús-): Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. Lucas 6:31 NVI.

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