PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

La heladera, la canilla, el interruptor de la luz… Pablo apelaba a estas herramientas y las convertía en protagonistas de sus trastornos obsesivo compulsivos. No eran los únicos, claro. Además, había una batería de elementos que utilizaba en su afán de mantener “todo como estaba”. La chance de que hubiera cambios lo perturbaba, sobre todo, si esos cambios implicaban sufrimiento. Con los tocs Pablo intentaba contrarrestar esas chances de que algo inesperado se presentara. Más allá de los enumerados, había muchos más. Por ejemplo, la obsesión por no usar dos cifras específicas: el 13 y el 17. La superstición desarrollaba un papel de importancia en su mente, y es conocido que tanto uno como otro número, poseen significados poco felices en el mundillo de los juegos de azar. El 13 representa la mala suerte. El 17, la desgracia.

Frente a estos convencionalismos tan instalados, Pablo trastabillaba. Quería evitarlos a como diera lugar. Por eso, cuando tenía el control remoto de la televisión, nunca dejaba el volumen del aparato puesto en estas dos medidas de sonido. Dentro de su penoso estado, eso sí, procuraba no pasar ciertos límites. Si en el Canal 13 o en el 17 de la grilla, quizás daban un programa que le gustaba, lo veía. No obstante, su inclinación por los tocs –según creía a menudo- iba en aumento, o sea que el paso del tiempo hacía que avanzaran, y que los actos irracionales cada vez fueran mayores en cantidad, más complejos y menos fáciles de controlar.  De haber seguido embarcado en esta tendencia, tal vez el hecho de no detenerse tampoco en dichos canales, hubiera sido cuestión de tiempo.

Muchos años después, escribió: “El diseño del diseñador”.

El complejo ecosistema del que somos parte, está conformado por millones de seres vivientes, por especies animales y vegetales conviviendo bajo leyes que favorecen un hábitat ordenado y armonioso. La naturaleza se mueve gracias a un aceitado mecanismo que incluye al hombre como partícipe privilegiado de su inmensa riqueza. Cada organismo, es una maquinaria preparada para vivir bajo la luz del sol, fuente de energía que impulsa el funcionamiento de todo lo existe sobre la faz de la tierra. Nuestro cuerpo es una maravillosa máquina, compuesta por miles de piezas articuladas armoniosamente. Sus engranajes están organizados con la complejidad de un reloj, de un avión… Pero es mucho más que eso, porque además, el ser humano respira, piensa. Siente amor, tristeza. Se emociona. Tiene vida. Detrás del impresionante trabajo de diseño que incluye a la especie humana y todo lo que lo rodea, hay una mano poderosa, encargada de construir el delicado engranaje y ponerlo en marcha con una sabiduría extraordinaria. La lógica nos indica que ante semejante diseño, también existe un diseñador. Ese diseñador con mano poderosa, nos habló a través de los profetas, confirmándonos que es así: existe un Creador del Universo… y es Él. Pero no se conformó con crear todo y dejarlo librado a la suerte. Dios también está dispuesto a actuar a favor de Sus criaturas. Después, queda en ellas (o sea, nosotros) reconocer a nuestro Creador y seguir Sus instrucciones para nuestro mejor andar por la vida, o darle vuelta la cara y alejarnos de Él, y el mensaje de amor y salvación que nos ofrece.

Un sustento bíblico:

Porque toda casa tiene su constructor, pero el constructor de todo es Dios. Hebreos 3:4.

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