PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

El pasaje de una estado a otro no fue instantáneo. Su hija ya había nacido, pero Pablo todavía se mantenía a distancia de los miedos que se unirían a su camino más adelante. Aún no era capaz de visualizar la tormenta que de a poco, avanzaba hacia él. El temor exagerado a que “algo malo” le pasara que experimentó tiempo después, no sólo lo incluía a él. Además, sufría pensando que algunos de sus familiares más íntimos, podían estar en peligro. Sin embargo, cuando con pocos días o semanas de vida su hija mayor debió realizar unas cuantas visitas a los médicos por estudios de rutina, Pablo no lo padeció, más allá del fastidio que le provocaban las largos esperas en las salas pediátricas. Incluso, en cierta ocasión, a la beba le diagnosticaron un problema en la cadera. El traumatólogo aconsejó que temporalmente usara una férula para solucionar una dificultad que corría riesgo de agravarse si no se corregía a tiempo.

Su papá tomó esta noticia con tranquilidad. Compraron la férula y luego del tratamiento, el problema desapareció. Durante ese proceso, que se extendió por al menos un mes, Pablo no soportó ninguna de esas preocupaciones desmesuradas que lo alcanzarían en breve.

Un día, escribió: “¿De padre a hijo?”

Una de las instrucciones que nos entregó Dios, se refería a que Sus leyes debían transmitirse de padres a hijos. En Deuteronomio 6: 6-7 podemos leer: “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”.

Estas indicaciones que en principio recibió el pueblo de Israel, quizás hayan funcionado por algún período, pero con el transcurso de las generaciones, el mensaje que debía prolongarse a través de las épocas, fue variando o directamente se interrumpió. Ante el menosprecio a las instrucciones de nuestro sabio Creador, el resultado fue la decadencia de Israel, que habiendo sido una nación próspera durante el reinado de David –que amaba a Dios y guiaba a los israelitas por esa senda-, fue barrido de su tierra por sus enemigos. Muchos de los reyes que sucedieron a David no siguieron su ejemplo y tanto ellos como la nación, sufrieron graves consecuencias.

Esto se puede aplicar también a estos tiempos: una sociedad que elige hacer oídos sordos a la sabiduría de Aquel que todo lo creó, termina triste, conflictuada y ahogada en la corrupción que ella misma generó. ¿Cómo hemos llegado a semejante estado? El primer paso para que tal decadencia acontezca, tranquilamente puede darse con algo tan simple como el hecho de que los padres, no les hablan de Dios a sus hijos.

Un sustento bíblico:

Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Josué 1:8.

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