PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

Cuando Pablo era un niño solía viajar con mucha frecuencia en automóvil. Con su papá al volante, si iban solos, él se sentaba en el lugar del acompañante. No existía todavía, la normativa que exigía que los niños fueran en el asiento trasero, ni tampoco la ley contemplaba el uso obligatorio del cinturón de seguridad. Por lo tanto, Pablo no hacía ni una cosa ni la otra. Su padre manejaba muy bien. Rápido de reflejos, a veces, eso sí, cometía alguna imprudencia. Los domingos iban a un club de la zona del Tigre: había que tomar la Panamericana y luego, otras rutas locales para llegar a destino. En aquellos caminos, el papá hacía valer su habilidad como conductor. Sus intrépidas maniobras nunca terminaron en choques, aunque más de una vez, por ejemplo, al pasar a otros coches, iba al límite. Pero el pequeño Pablo nunca sintió miedo al subirse al Renault 6 de color turquesa, con palanca al volante. La posibilidad de que sufrieran un accidente no lo atormentaba ni mucho menos. Por eso, cuando décadas más tarde, comprobó que lo invadía la tensión cada vez que debía recorrer las rutas del país (incluso, varios días antes de emprender esos viajes), se preguntó: “¿Por qué antes no? ¿Por qué ahora sí”.

Muchos años después, escribió: “No descuidar la enseñanza de los niños”.

No es algo sencillo que en los días que corren, un niño aprenda a confiar en Dios. Por eso, cuando eso ocurre, cabe darle la importancia que el hecho merece. ¿Por qué no es sencillo? Sabemos que la fe viene por el oir (Romanos 10:17). Y si un niño –o cualquier persona en este caso- no escucha sobre Dios, es muy probable que tampoco se fortalezca en la fe.

Alrededor de la gente, en esta época, se acumulan las preocupaciones y hacen fila los diversos protagonistas de la industria de la diversión: televisión, Internet, series, películas, videojuegos, música, fútbol… No hace falta buscar mucho para encontrar todos estos elementos en un abrir y cerrar de ojos. En cambio, a no ser que vaya a buscarla especialmente, casi nadie tendrá oportunidad de escuchar de la Palabra de Dios. Y cuando lo haga, quizás sea porque un vecino, un compañero de colegio, un animador de TV,  etc, está burlándose de ella. Si hasta en las escuelas, y fomentada por los docentes, por lo general se le da más trascendencia a una fiesta de origen pagano como Halloween, que a la Biblia.

Ante este panorama, nada tiene de extraño que las personas se alejen cada vez más del Creador. Las cosas podrían ser distintas, si desde que los niños son pequeños, los padres intentaran contrarrestar esa ola de desinterés que amenazará con taparlos más adelante. Será clave hablarles de Dios a temprana edad, y mejor todavía, poner a su alcance la Palabra, para que cuando crezcan, sepan que al margen de los momentos buenos y malos de esta vida, hay Alguien que está esperándolos para acompañarlos incondicionalmente, ahora y por toda la eternidad.

Un sustento bíblico:

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Proverbios 22:6.

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