PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

Transcurrieron aproximadamente tres años desde que Pablo dejó las sesiones terepeúticas con María Luz, hasta que las reanudó con otro profesional. ¿Qué sucedió en el período intermedio? Nada novedoso con respecto a su personalidad. Nada de lo que anhelaba reparar en relación a su carácter introvertido y el complejo de inferioridad que lo venía aquejando, evidenció variaciones significativas. Pablo fue dándose cuenta de que la disminución de la autoestima no es algo que uno logra mejorar sólo con el paso del tiempo. Por el contrario, lo más probable es que el trancurso de los meses y los años, contribuya a empeorar el problema, si es que no se lo ataca de raíz. Pero él todavía no estaba dispuesto a aplicar este remedio, que si bien tampoco era una garantía de solución, la lógica indicaba que al menos  lo acercaría a ella. De modo que continuó haciendo su vida normalmente, si por normal se entiende, como suele decirse, esconder la basura debajo de la alfombra y tratar de no pensar en que por más que se lo pretenda ocultar, el elemento perjudicial sigue estando ahí.

Pocos meses después de dejar las consultas con María Luz, Pablo se puso de novio. Fue la primera relación estable de su vida: duró casi tres años. Y al concluir su noviazgo, también se rompió en mil pedazos la percepción de mejoría –siempre en lo que respecta a la autoestima- que Pablo había paladeado en el período entre-terapias. Porque el vínculo afectivo lo había ayudado a mantener su cabeza ocupada, pero cuando éste se diluyó, lo invadió la sensación de que el mundo se desmoronaba y sintió la urgente necesidad de buscar auxilio. Recurrió, entonces, nuevamente a la terapia.

Muchos años después, escribió: “Ojo” con el ojo.

En la escuela seguramente hemos tenido la oportunidad de estudiar los gráficos que nos detallaban la composición del ojo humano, con todas sus piezas y el rol específico que cada una desempeñaba en el delicado funcionamiento de este órgano tan importante del sistema corporal. El ojo es una pieza de diseño tremendamente compleja y maravillosa, que no sólo se limita a cumplir la función de “ver” lo objetos. Además, ojos y cerebro, asociados y trabajando en conjunto, son capaces de distinguir, de identificar, para a partir de ese reconocimiento, realizar una serie de actividades a nivel interno, de las que ni siquiera somos conscientes. 

Nuestros ojos son un claro ejemplo de lo que es un diseño de excelencia. Su nivel de complejidad es notable. Pero el mundo caótico que habitamos -además de lo que puede ser nuestro desinterés-, a menudo no permite que nos detengamos a pensar ni en los ojos, ni en el extraordinario organismo que nos lleva por la vida. Es que si analizamos esto, quizás también tengamos que darnos cuenta de que los habitantes de la tierra no somos consecuencia de la casualidad, sino de la idea de un diseñador que creó todo con infinita sabiduría. Y si aceptamos esto, a lo mejor también tengamos que admitir que en lugar de vivir como si este Creador no existiera, deberíamos dejar de lado nuestra rebeldía y respetar las normas que nos manda a cumplir. Y es precisamente esto lo que no nos gusta: ser obedientes, aceptar que alguien con autoridad nos ponga reglas, aunque nos ame y sea para beneficio nuestro. Por eso, a tanta gente le resulta más sencillo escapar de Dios, que intentar acercarse a Él.

Un sustento bíblico:

¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso no te has enterado? El Señor es el Dios eterno, creador de los confines de la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es insondable. Isaías 40:28.

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