PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

Se terminaba el año. Entre los numerosos saludos alusivos a estas fechas tan particulares para la gente en general, Pablo recibió el de Cristian, su terapeuta. ¿Su terapeuta? Podría decirse que sí, considerando que a comienzos del 2020, este (psicólogo – paciente) era el vínculo que los unía, y que después, Pablo no había contratado los servicios de ningún otro profesional de esta especialidad. Asimismo, podría sostenerse que no, pues un tiempo prudencial había transcurrido desde la última sesión y Pablo, por el momento no tenía intenciones de retomar sus consultas.

La pandemia había sido el detonante de un paréntesis que todavía no estaba cerrado. Si Cristian había reanudado sus consultas presenciales, aunque intuía que sí, era una cuestión que su antiguo cliente ignoraba. Entretanto, habían llegado sus salutaciones. Con deseos de que el 2021 sea un buen año, el mensaje fue respondido. Y esta circunstancia, se convirtió en impulsora de esta nueva reflexión:

A la gente, en general, le cuesta ver “el medio vaso lleno”. Por supuesto, me incluyo. Somos más propensos a quejarnos por las circunstancias que quisiéramos que fueran distintas o por lo que nos falta, que a estar contentos con lo que tenemos, que es mucho. Esto suele conducirnos a permanecer en un estado de insatisfacción constante. Pero cuando perdemos algo que era nuestro, recién ahí nos damos cuenta de lo importante que era, y de que quizás no estábamos dándole el valor que merecía. Este último conjunto de cosas es tan amplio que puede abarcar desde un ser querido hasta la electricidad que usamos en casa, el techo bajo el cual vivimos, o la comida que podemos comprar, pasando por cantidades de aspectos más.

En lo personal, intento poner en práctica un recurso que me sirve para contrarrestar momentos de fastidio enojo, malhumor, preocupación, etc (si bien  lo más recomendable es hacerlo siempre, sin esperar a estar en dificultades): agradecer todo lo que viene a mi memoria. Confeccionar, mentalmente –por escrito también podría ser- una lista de elementos que sea lo más larga posible. Pequeñas-grandes cosas que en lo cotidiano, pasan inadvertidas, permanecen ocultas detrás del vértigo del día  a día. Cuestiones vinculadas a los afectos o a los bienes materiales, el abanico de gratitud es tan grande que puede  abarcar situaciones de las que estábamos pendientes y se resolvieron, o incluso aspectos aparentemente superfluos como el clima. Prestando atención a lo que hay a nuestro alrededor, el listado seguramente podría alcanzar un número de más de una cifra, y superior también…  

Es cierto que a veces no es fácil hallarla, pero si voy en busca de la claridad mental como para dedicarle un par de minutos al tema, consigo descubrir razones para estar agradecido y encarar la realidad desde una perspectiva de mayor optimismo.  El problema, es que en ocasiones tenemos tan cerca todo, que no somos capaces de verlo.

Un sustento bíblico:

Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas. (Salmo 9:1).

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