Pasaje Videla Castillo

A simple vista es un pasaje más… Son cientos y cientos los que hay en la Capital. A la mayoría, sólo los distingue su corta extensión y no tienen mucho más para mostrar. Este no parece diferenciarse de la amplia variedad de calles de una cuadra que abundan en esta ciudad. En Rojas al 400 nace. Pero… ¿dónde termina?

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Aquí está la clave. Está es la razón que vuelve especial a esta cortada de Caballito (nunca tan bien colocado el mote de «cortada») que se llama así en homenaje a José Videla Castillo, un militar argentino que en su rango de general se desempeñó en los combates de Chacabuco, Talcahuano, Maipú, Pasco, la campaña de Puertos Intermedios, la guerra contra el Brasil, en Tablada , Oncativo y Ciudadela, siendo además gobernador de San Luis y Mendoza.

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Apenas tenía 40 años cuando falleció, en 1832. En 1914, una ordenanza denominó Videla Castillo a esta arteria que (y ahora sí el hecho que lo hace tan peculiar) no culmina en otra calle sino en una casa. En Buenos Aires hay muy pocas con estas características. Unos 200 metros hacia el norte, está el pasaje Ortega que también posee una idéntica finalización. La diferencia es que hacia el otro lado, Ortega presenta dos cuadras más de longitud, mientras la calle que nos ocupa, no es más que lo que se aprecia de Rojas hacia el fondo.

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La calle está asfaltada y es de casas de una y dos plantas, a excepción de un par de edificios. Uno, cuenta con cinco pisos y salta a la vista que es una de las modernas construcciones acaecidas con la explosión inmobiliaria de la década pasada. Se encuentra a mitad de cuadra. Hay otro edificio justo en la esquina… Y otro más en camino -lo están terminando-,  también en la esquina con Rojas, pero enfrente.
Como tantos pasajes, Videla Castillo es angosto y allí se estaciona de mano derecha. A la izquierda, el cordón está intacto. No queda espacio para vehículos estacionados a la izquierda.

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De ser así, por la calzada no podrían pasar los autos. En un frente situado sobre esa mano, desde un cartel se pide no estacionar arriba de la vereda. De la mano contraria, dos vecinos -un hombre y una mujer- salen a limpiar el exterior de sus respectivas viviendas en el caluroso atardecer veraniego. Todas las casas de la cuadra tienen buen aspecto. Se las ve cuidadas, prolijas… La excepción podría ser una fachada a la cual los tonos grises y rojizos que denotan el paso de los años, no perdonaron.
Al fondo, dos propiedades acaparan toda nuestra atención. Son las que le ponen el broche de oro a este callejón carente de epílogo convencional.

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