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Junto al inmenso Parque de los Patricios, hay una angosta plazoleta llamada Coronel Pringles. Separando a ambos espacios verdes tan diferentes entre sí –uno es gigantesco y el otro, mínimo- se encuentra la calle Monteagudo, que conforma uno de los laterales de la plazoleta Pringles. El lateral opuesto está delimitado por la calle Corrales Viejos, un pasaje con iniciación en la Avenida Caseros, y cuya finalización tiene lugar cerca de cien metros más adelante, en la calle Patagones.

A Corrales Viejos se le otorgó esta denominación en recuerdo del antiguo barrio de Parque de los Patricios, que albergó en otras épocas al Matadero del Sur. Estos establecimientos tenían su ubicación, precisamente, en la esquina de Caseros y Monteagudo. Fueron inaugurados en 1872 y funcionaron allí por unos treinta años, hasta ser trasladados a lo que hoy se conoce como Mataderos.

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Curiosamente, existen otras dos arterias de la Ciudad de Buenos Aires que tienen nombres muy similares. Las tres, hacen referencia a lo mismo. Una es la Avenida de los Corrales, del barrio de Mataderos, y la otra es la calle Corrales, que comienza en Avenida La Plata al 2700 (Nueva Pompeya) y extendiéndose por un largo trayecto del sur de la Capital Federal, termina junto a la colectora de la Avenida General Paz, en Villa Riachuelo.

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El pasaje Corrales Viejos posee su costado más pintoresco a partir de la presencia de la plazoleta a lo largo de toda su traza, de lado impar. En la vereda de enfrente, el paisaje no dista de lo que es una calle como tantas. La línea de edificación también ocupa todo el lateral, y está integrada por viviendas particulares y comercios. En el primer grupo, una torre de unos doce pisos, en el centro de la cuadra, se erige como la construcción más alta del pasaje.

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La acera y la calzada han sido niveladas a una misma altura, en el contexto de la puesta en valor de la plazoleta, ocurrido en 2016. Por eso, es posible apreciar elementos comunes a los que existen en tantos lugares de Buenos Aires donde también el Gobierno realizó obras de recuperación. Esto es, faroles de alumbrado con apariencia “retro” y mojones de separación conocidos como bolardos. La calzada no ha perdido su empedrado, otro hecho que le confiere a este rincón porteño, una atmósfera emparentada con lo histórico.

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Otra vez sobre la plazoleta Coronel Pringles, junto al monumento a José Bernardo Monteagudo, llama la atención un homenaje que vecinos del barrio realizaron con el objetivo de recordar a una cantidad bien definida de desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar. Se trata de 121 siluetas de color blanco, dibujadas sobre las baldosas, que representan a personas que vivían en Parque de los Patricios.  En el interior de las siluetas, están escritos los nombres de los desaparecidos.

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