MISTERIOSA BUENOS AIRES

Misteriosa Buenos Aires, te veo como si fueras una alegre dama junto al Río de la Plata. Ciudad costera, llena de niños jugando en tus plazas y parques, y es que sólo te falta la niebla para parecerte a la lejana Londres… Tu hermoso colorido me llena el alma día tras día.

Querida Marga, vienes a mi memoria con la imagen de una persona que no veo hace más de treinta años, cuando ambas estudiábamos en el pequeño bar de la Avenida Pueyrredón. Vos, ya siendo médica, estudiabas para ser psiquiatra mientras yo completaba mi carrera de Derecho. Fuera de las charlas amenas que nos distraían en las largas horas de concentración y estudio, no conocí mucho de tu vida aunque disfrutábamos ayudándonos mutuamente. Te encontré por esas cosas de la vida en una fiesta familiar, y tal vez no fue casualidad sino que el destino nos tenía preparada la maravillosa simbiosis que compartimos. Dios te bendiga.

Vivo alegre o triste conmigo misma, y espero un día pleno de luz interior, de tolerancia, de amor, de fidelidad y de aceptación. Sensación placentera que recorre mi cuerpo e invade mi corazón al escucharte, admiración, amor y sentimiento. Matices en el diálogo que nutren mi pensamiento atento al relato, al discurso claro, al verbo hecho poema, al libro abierto en flor, al conocimiento que transmiten tus enseñanzas. Gracias por el fuego que emana de tu sonrisa, que imagino en tus ojos, en tu perfección que veo cada día, y en mi rebeldía por tratar de ser como tú.

Ana, acaso me envuelve la nostalgia de ver tus ojos claros, de sentir simplemente que eres una hermosa damicela que me ayudó hace más de diez años, consolándome. Te deseo paz, y recuerdo cuando nos encontrábamos tanto tiempo atrás. Rezo por vos y por tu bienestar.

Calor agobiante, es verano, tiempo de playa, de pileta, de sol que quema la piel. Bronceados y esperando la lluvia, el agua bendita que se hace desear, que brote del cielo como el maná en el desierto.

Raquel Seltzer

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