LA SUPERVIVENCIA DE LOS BUZONES

Buzon_Freire_Incas

En plena era del whatsapp, ¿qué hacen todavía los buzones en las calles de Buenos Aires? Una pregunta como esta, es posible que los vecinos porteños se formulen en forma constante. Aunque lo más probable, es que los habitantes de nuestra Ciudad ya ni siquiera se detengan a pensar en ellos. Los años pasan y, víctimas de la indiferencia popular, los buzones ya desde hace muchos años, han dejado de cumplir su función original.

En 2018, en la Ciudad de Buenos Aires quedaban alrededor de 180. Llegó a haber unos 1450. Instalados en suelo porteño en 1858, al principio fueron de madera. Con el transcurso de años y décadas, mutaron en formatos y colores. Pasaron por manos públicas y privadas. Hasta que en la década del noventa, posiblemente, hayan comenzado a sufrir una lenta agonía. La aparición de Internet los puso en jaque. El correo electrónico, en forma progresiva, fue suplantando a la antigua modalidad. Y llegó el día en que depositar una carta en uno de ellos, terminó por ser un acto emparentado con el pasado.

Así y todo, hubo gente que intentó que no se extinguieran, no para que cumpliera la función comunicacional de antaño, sino con el objetivo de mantenerlos en las calles en sentido decorativo, como símbolo de una época que ya se ha ido. A tales efectos, sus defensores idearon iniciativas y se organizaron agrupaciones colectivas como Rescatando Buzones. Ante el deterioro y la indiferencia general, se ocupaban de arreglarlos y pintarlos. Procuraron que se los declare patrimonio cultural de Buenos Aires, para que el Estado asuma el compromiso de protegerlos. Años después, sin embargo, el intento no ha prosperado. De todos modos, Rescatando Buzones continúa su actividad en Internet. En su Instagram, cada tanto, se publican pintorescas fotografías de buzones de la Capital Federal y otras partes del país.

Foto: el buzón de Avenida de los Incas al 3100.

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