LA GUÍA QUE GUÍA

Una guía de calles y colectivos de Buenos Aires –de cualquier ciudad, a ciencia cierta- es un elemento que hasta hace unos años ha sido muy útil en los hogares de los argentinos, especialmente, de aquellos integrantes de la clase urbana. Pero como una de las tantas derivaciones de lo que ha sido capaz de hacer Internet en materia de modificaciones en las costumbres del hombre, el hecho de tener una de estas guías ya no es tan común como en otros tiempos. En la actualidad, aquellos que tienen un poco de práctica en el manejo de una PC, una tablet o un celular, es muy factible que escojan un mapa virtual por sobre cualquier plano en papel, ya que además de observar numeraciones, recorridos, etc, estos mapas otorgan la chance de realizar búsquedas más complejas, rápidas, y su carácter interactivo resulta mucho más poderoso y cómodo, a comparación de las engorrosas exploraciones que se hacían, tema por tema, y página por página, en aquellas inolvidables -aunque ya pasadas de moda- guías.

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Si se tiene en cuenta que un celular de las últimas generaciones posee aplicaciones con mapas repletos de la más completa información, y que tanta data cabe en la palma de una mano, ya ni siquiera es necesario estar en casa para hacer consultas sobre el trayecto de tal o cual colectivo, o tal o cual avenida. Arriba del mismo transporte, en la parada o caminando por la vereda –eso sí, prestando mucha atención al eventual encuentro con  un amigo de lo ajeno- las posibilidades de hacer la averiguación que uno precisa son altamente probables.

La vieja guía, por lo tanto, estaría en condiciones de pasar a formar parte del museo hogareño, destinada a un oscuro cajón, condenada a acumular polvo en una repisa, cuando no directamente sentenciada al tacho de la basura.

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Sin embargo, el objetivo de esta nota es el de reivindicarlas. O al menos, recordarlas. Sería zonzo tratar de ponerlas por encima de esta modernidad en la que día a día se descubren cosas nuevas. No sería coherente menospreciar la tecnología en el afán de ensalzar una antigua guía de papel. Pero tampoco, con todo lo que nos han dado, sería justo archivar para siempre en la memoria, nombres como Peuser, Filcar, Lumi o Guía T, por citar a los últimos exponentes de una lista que sería mucho más larga si se anotaran a todas las que a lo largo de la historia, cumplieron la función de orientar a transeúntes, automovilistas o usuarios del auto transporte de pasajeros.

Para ellas, entonces, este humilde, sencillo, pero muy sincero homenaje.

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