Estoy en el grupo de wathsapp de mi edificio

PORTEÑOS HIPERCONECTADOS

ASÍ EMPEZÓ TODO

Por Beto Kempo

 

Todo empezó hace aproximadamente un año. Era un domingo a la noche. Yo acababa de acostar a mis hijas. Ellas dormían plácidamente cuando hallándome todavía en su habitación, escuché el sonido del portero eléctrico. No le di importancia, pensando que seguramente sería un llamado equivocado. Durante muchos años, no funcionaron ni el altavoz ni el auricular. Sólo el timbre (ahora, ni siquiera eso). Menos de un minuto después, volvió a sonar. Y una vez más. Y otra. En mi mente nunca se llegó a formar la idea de que ese ruido molesto no fuera otra cosa que alguien que se había confundido de departamento, hasta que mi esposa ingresó a la pieza con la respiración entrecortada. “Hay un incendio, está toda la gente abajo”, lanzó.
Efectivamente, los vecinos se estaban reuniendo en la vereda. Habían llamado a los bomberos y un camión autobomba no tardó en estacionar frente a la puerta de calle. El fuego se originó en el sótano. Pero gracias a Dios, no se propagó. Apenas se quemaron unos cables y la rápida colaboración de algunos vecinos, matafuego de por medio, sofocó la situación. Los bomberos terminaron de hacer el trabajo y transmitieron tranquilidad para que luego de una hora de desesperación, todos pudiéramos regresar a nuestros hogares. Se habían vivido momentos de incertidumbre. Nosotros habíamos despertado a nuestras hijas y al igual que ellas, varios chicos aguardaban con angustia en la vereda. El llanto se apoderó de más de un vecinito. Pero la calma regresó y la noche transcurrió en paz.

ARMEMOS UN GRUPO
A partir de ese incidente, se sucedieron reuniones de propietarios e inquilinos. La conclusión, era la imaginable: el edificio era un desastre. La falta de mantenimiento que se prolongó por años y la desidia de la empresa encargada de la administración, generaron un caos que si no terminó en un incendio de mayores proporciones, fue porque la reacción llegó justo a tiempo.
En una de las reuniones acaecidas en la semana posterior, alguien tiró una propuesta que no tuvo opiniones en contra: crear un grupo de wathsapp para mantenernos más comunicados.
Acto seguido, la encargada de coordinar la flamante opción (una vecina que vive en el primero o segundo piso) anotó los números de los presentes y los nucleó en el flamante grupo, al que le pusieron de nombre, el de la calle porteña donde se levanta edificio.
Interiormente, me resistí. ¿Otro grupo más? Ya tenía el de los amigos; dos, tres o cuatro -no recuerdo su número exacto- de compañeros de trabajo, el de los papás del jardín, los de tercer grado… Y probablemente otros que no valga la pena mencionar.
No pude negarme: en estos tiempos, es difícil resistirse al mandato de la tecnología, a los avances de la modernidad, a la sociedad de consumo o vaya uno a saber cómo se llama todo eso… Pero hay que estar comunicado, te guste o no. Máxime, si uno tiene una familia a la que atender.
En el caso del edificio, no obstante, era evidente reconocer que se necesitaba información constante. De todos modos, una de las primeras medidas que adopté, fue la de silenciar los mensajes por el máximo permitido: un año. Así, no tendría que estar pendiente del incómodo sonido del celular y podría revisar los wathsapp sólo si deseaba hacerlo. Sin dudas, era la mejor decisión, concluí.

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COMIENZA LA INVASIÓN
Al día siguiente, la catarata de mensajes no se hizo esperar. Era preciso organizarse en cuanto a las obras que había que encarar: búsqueda de presupuestos, críticas a la administración, autocrítica interna… Todo eso formó parte de las primeras conversaciones. Mensajes de texto y mensajes de voz a granel. Fotos de los lugares dañados. Más mensajes, más fotos…. También intervino algún descolgado que solicitaba un jugador para completar su equipo de fútbol. En esos días de alta tensión, creo que no se lo tomó por desubicado, sino como un gesto para descomprimir…
Un año después, el panorama no cambió demasiado. La administración es la misma y el edificio sigue dado pena. ¿Las diferencias? El monto de las expensas se multiplicó, las obras arrancaron y la ilusión de que todo mejore está latente…. Ah, y lo que por supuesto, también continúa, es el grupo de wathsapp, un dispositivo tan invasivo como generador de mil de historias, que en esta sección, gozarán del espacio que se merecen.

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