ESTE ES MI BUFFET. HOY: MARIANO MORENO

En el buffet de un club se respira deporte y se percibe un clima de familia y amistad que difícilmente uno pueda hallar en otros bares y restoranes capitalinos. Desde esta sección, nos proponemos darle el lugar que se merecen.

Sólo dos clubes de barrio componen el esquema deportivo-social de Coghlan. Uno se denomina El Tábano. El restante, es el Club Social, Deportivo y Cultural Mariano Moreno, ubicado en Freire al 3151, dos cuadras más allá de Congreso, yendo hacia Saavedra.

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Un domingo al mediodía, cabía la posibilidad de que el buffet no estuviera abierto en alguno de los dos lugares. O en ninguno. Efectivamente, nula actividad había en El Tábano, ubicado sobre la calle Naón. Sin embargo, pese a que las veredas desiertas de este barrio tan tranquilo pronosticaban lo contrario, el Mariano Moreno sí estaba abierto. «Acá no cerramos nunca», aclaró la persona que nos recibió en este club de características inusuales, si tenemos en cuenta que las disciplinas que se practican en sus instalaciones distribuidas en tres plantas, son el billar y el ajedrez.

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El restaurante se halla en la planta baja. Se trata de un ámbito sencillo, cómodo, muy limpio, con no más de diez mesas y amplios ventanales hacia la calle, si bien desde el exterior, si uno no conoce, por su aspecto y al no haber señalización alguna, será difícil deducir que allí funciona un bar o un restaurante.

A la hora del almuerzo, hay comensales que, se nota a la legua, son habitués. Incluso una familia bastante numerosa ocupa varias mesas. También se puede almorzar y cenar; o desayunar y merendar. Como decía su dueño o concesionario «acá no cerramos nunca».

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La oferta gastronómica, como era de esperarse, se compone de los platos del día: cuatro comidas «fuertes» que, en este caso, son: pechito de cerdo con salsas españolas (90 pesos); lentejas a la española, locro (ambos 85.-) y ravioles al verdeo (75.-).

Nos inclinamos por la primera opción. Traído por un muchacho muy amable, tatuado en sus brazos, llega rápidamente el pedido, acompañado de una cerveza. Porción abundante y buen sabor. Aprobado.

Arriba del mostrador, luce orgulloso el escudo del Mariano Moreno. Dos M gigantes y dos mitades: una verde y la otra cuadriculada, en clara alusión al billar y al ajedrez. La curiosidad por ver la sede no lleva a penetrar en un amplio salón ubicado detrás del buffet. Javier, empleado encargado de la guardia dominguera, nos invita a ingresar y apenas lo hacemos, nos llevamos una grata sorpresa al descubrir el sector de los billares. Hay siete mesas distribuidas hacia el fondo, excelente iluminación, asientos confortables y banderas de numerosos países. En esta entidad que el 21 de septiembre cumplirá 79 años, se celebran importantes torneos de la especialidad. «Estamos orgullosos de nuestra sala de billar. Contamos con siete mesas profesionales equipadas con los mejores materiales lo cual nos permite afirmar que nuestras instalaciones se encuentran al nivel de las mejores salas de billar del mundo», se lee en la página web del Mariano Moreno. Al momento de la visita, dos aficionados «despuntaban el vicio» apasionadamente.

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Siempre guiados por el servicial Javier, nos dirigimos al piso superior, allí donde el ajedrez, es amo y señor. Gran cantidad de tableros están correctamente colocados -con piezas y todo- sobre las mesas. Pero no se observa movimiento alguno. Los salones están vacíos. Claro, el día anterior -sábado- había tenido lugar una extensa jornada provista de variadas competencias, pues en el Mariano Moreno la masa societaria con raíces en el ajedrecísticas, da lugar a partidas amistosas -internas y con clubes amigos- pero también se realizan torneos que otorgan puntajes para rankings nacionales e internacionales. Además «tenemos una escuela de ajedrez para niños en todos sus niveles y otra para adultos», aseguran en el sitio web.

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Nos enteramos que el club estuvo al borde de la desaparición en 2001, y luego, en la misma década, siguieron sus graves problemas, contraídos tras el juicio que hizo otro buffetero. Pero «el Mariano» logró superar sus dificultades y hoy goza de buena salud. Nos quedamos con ganas de averiguar más detalles históricos y de su actualidad. Quizás, en una próxima visita… Por hoy, el objetivo de conocerlo, se cumplió con creces.

 

 

 

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