«ÉRAMOS UN GRUPO DE LOCOS»

El presidente de Estrella de Boedo, Jorge Villaverde, cuenta cómo nació el club. Además relata anécdotas de aquella fundación y opina sobre su actualidad. 

Estrella De Boedo

Estrella de Boedo acaba de cumplir 20 años. El 4 de abril de 1996, nació en el barrio que lo cobijó desde aquel entonces, y desde aquel momento el club de la calle Constitución 4151, no ha cesado de crecer deportiva e institucionalmente. Su presidente, Jorge Villaverde, señaló: «Estamos contentos, este año inauguramos los nuevos vestuarios, que hace dos meses están funcionando. Ahora contamos con dos canchas de 40 por 20 habilitadas por AFA con sus respectivos vestuarios, tableros, luces de led. Lástima que el piso está un poco torcido, nosotros somos así (risas), pero eso también lo vamos a resolver ya… Pero estamos bien, con todas las actividades a pleno…»

-¿Con qué deportes cuentan actualmente?

-En futsal, con toda la tira de AFA, primera división; en baby fútbol estamos en FEFI con una tira los sábados a la tarde, en la letra B. Y los sábados a la mañana, cinco equipos en la escuelita de FEFI. En handball femenino estamos en Femeball, la liga de Buenos Aires, desde primera división a pre.-mini. El patín, con tres categorías compitiendo. Está el básquet, en el campeonato de Buenos Aires, también desde primera hasta los más chicos. Y por último, el roller derby, un nuevo deporte que se practica en patines. Después hay más actividades como el ajedrez y todo lo que tiene que ver con lo social.

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Básquet para todas las edades.

-¿Desde cuándo sos presidente?

-Desde 2004. Yo era el vice y por un problema de salud de Carlos Acuña, tuve que asumir. En la próxima renovación de autoridades directamente quedé como presidente y desde ese momento siempre fui reelecto, si bien siempre hubo una lista única. En Estrella hay reelección indefinida (se ríe). Voy por el cuarto período.

-¿Habrá un quinto?

-Sí, por ahora no hay planes de cambiar. Nosotros trabajamos en forma muy coordinada con la Comisión, con la gente. En el club están contentos. No tenemos deudas y estamos bien. No es mérito mío sino de todos. Pero uno tiene la energía y la edad como para seguir, así que le damos para adelante.

-¿El principal sustento de Estrella son los alquileres de cancha?

-Claro. Tenemos más de 700 socios entre todas nuestras actividades pero la cuota social no es lo más importante. Hay muchos chicos que no pueden pagar, ahora más que antes… Pero el motor económico nunca fue fue ese sino que es muy fuerte el ingreso por alquileres, ya que tenemos un número importante de canchas que siempre están completas.

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El handball femenino compite en la Femeball.

-¿Cómo les pegó la suba de las tarifas?

-La tesorería lo puede soportar gracias a estos ingresos. Obviamente, los aumentos no nos causan ninguna gracia. Entre la luz y el agua, es como tener dos empleados más.

-¿Tuvieron que aumentar las cuotas sociales y los alquileres?

-Las cuotas no. Los alquileres, sí. Hay varios predios parecidos en la zona y entre todos nos juntamos para acordar un mismo importe, tratando de no «matar» a los clientes. ¿Cuánto cuesta? Por ejemplo, la cancha grande, con luz, 1180 pesos la hora en día laborable.

-¿Hasta se están dando el lujo de pagarle al plantel de futsal?

-Así es, y eso que no tenemos ningún sponsor. Es un equipo casi profesional. Se dan viáticos y premios. Eso no te asegura los resultados, pero entendemos que la primera de futsal requiere de una jerarquía… Es un deporte que ha ido cambiando y gratis los jugadores no vienen. Al estar en la primera de AFA, tenés que armar un plantel como para poder competir. De los contrario, te hacen 50 goles.

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El Futsal. Un partido a cancha llena.

-¿Es el deporte en el que más están invirtiendo?

-En cuanto a este tema sí, pero después con respecto a viajes, ropa, cuerpos técnicos, material deportivo, a todos se les da la misma prioridad.

-¿El club es dueño de su propio terreno?

-No. El nuestro siempre será un predio municipal. Lo que sí hemos logrado en 2012, después de una larga lucha, es que al igual que a todos los clubes que estamos debajo de la Autopista 25 de Mayo, se nos aprobara por ley la concesión por 20 años más. Era lo máximo a que se podía aspirar. Nunca seremos propietarios, pero esto te da una tranquilidad jurídica y te permite planificar de otra manera.

-¿Estás en Estrella desde su nacimiento?

-Sí, soy uno de los fundadores y el socio número 3.

-Hagamos un repaso. ¿Cómo surgió el club?

-Diego Fenelli, que hoy es el coordinador deportivo y durante varios años dirigió la primera de futsal, trabajaba en otro club del barrio. Tenía a su cargo la categoría 86-87 del baby, donde jugaba uno de mis hijos. Resulta que Diego -un docente extraordinario- tuvo un problema con el presidente y se fue. Los padres retiramos los chicos en solidaridad con él. De ahí surgió la idea: hacer otro club. Carlos Acuña y Fenelli nos convocaron a todos. Una noche fría nos juntamos en la esquina de mi casa, Colombres y Cochabamba, y así nomás, en la vereda, dijimos: «Empecemos». Éramos un grupo de locos.

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Diego Maradona estuvo en el club en 2005, en un evento para el Día del Niño.

-¿Qué ocurrió después?

-Primero hicimos los papeles: el estatuto, todo. Casi al mismo tiempo alquilamos una canchita y compramos un juego de camisetas. Nos anotamos en el torneo de la Liga Policial pero teníamos dos equipos y había que juntar cinco más. ïbamos a las casas a tocar timbre y le preguntábamos a los chicos: «Nene, ¿querés jugar en un club?». Y dónde queda, nos preguntaban. «Ah, no, en ningún lado», era la respuesta. Muy cómico. Pero igual conseguimos armar la tira de baby.

-¿Cuándo se mudaron a la actual ubicación?

-Al poco tiempo. Un amigo me dijo que existía este predio, y que estaba vacío.  Cuando lo vimos con Acuña, nos quedamos maravillados. Era enorme. «Qué lindo si tuviéramos este lugar», pensamos. Como averiguamos y no aparecía el dueño, dijimos: «Buenos, vamos a entrar». En ese entonces jugábamos de local en Primera Junta, a quienes siempre les estaremos agradecidos. A su vez entrenábamos en una parroquia de la calle Garay, y en un baldío de la vuelta, que tenía una carpeta de asfalto y ¡un solo arco! Nosotros llevábamos la bombita de luz y la volvíamos a sacar, porque si la dejábamos puesta se la afanaban.

-¿Tan fácil fue ingresar al predio actual?

-No, porque apenas entramos, venía un montón de gente que decía tener la concesión. Pero nadie mostraba los papeles. Hasta que un día  llegó el verdadero concesionario. Como dice la frase, pegale al chancho para que aparezca el dueño.  Ellos tenían la concesión que les dio el Gobierno, pero no la utilizaban. Entonces llegamos a un acuerdo y comenzamos a compartir el predio. Hasta que en 2001 la Ciudad decidió pasarnos el contrato exclusivamente a nosotros. A partir de ese año el club explotó: empezamos a hacer obras y de a poco, fue quedando como está hoy.

-¿Cuándo le pusieron nombre al club?

-El mismo día que nos reunimos en la vereda. Había tres opciones. El primero, Unidos de Boedo. Pero estaba registrado. El segundo, Estrella de Boedo, y el tercero, ya no lo recuerdo. Entonces, quedó Estrella, un típico nombre de club.

 

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