“El Tábano se sostiene sobre cuatro pilares: familia, amigos, fútbol y tango”

Lo afirma su presidente, Héctor Molina.

En Rómulo Naón entre Iberá y Quesada, el barrio de Coghlan exhibe con orgullo a uno de los fieles exponentes sociales, culturales y deportivos. El Tábano, es centro de numerosas reuniones en un ámbito modesto, pero enaltecido por gente sencilla que lucha para que nada falte en el club de sus amores. En un enorme buffet decorado con copas, plaquetas y cuadros de fútbol y tango, suelen congregarse habitués de todas las edades. Desde luego, allí también están sus dirigentes.
Entre ellos, como un parroquiano más, el presidente Héctor “Chiche” Molina, con sus 81 años que no aparenta ni por asomo, cuenta con una rica historia futbolística, habiendo sido jugador de Estudiantes, Boca y la Selección.
Un sábado, apenas pasado el mediodía, dialogamos con Chiche. Una vez finalizado el almuerzo con sus amigos y pares de Comisión, nos invitó a pasar a la secretaría, donde -cafés de por medio- relató aspectos de la vida de la vida institucional y su propia trayectoria vinculada al fútbol y al barrio.

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Chiche Molina, rodeado por el vice Guillermo Bandín y el secretario Héctor Bisconti.

En septiembre harán dos años que soy presidente. Más allá del cargo, uno siempre ha tratado de trabajar por el club y para la gente del barrio, acompañado de todos los muchachos. Estamos para eso. Para mantener a este club que es una especie de leyenda. El Tábano además de un club de barrio, fue hacedor de muchas figuras del fútbol nacional: Julio Cozzi (arquero de Platense, Independiente y la Selección), Rubén Sosa (Platense, Racing y la Selección), Roberto Croa (otro futbolista, radicado en Perú). Y al margen del fútbol, Roberto Goyeneche…El Polaco se crió acá. Yo fui amigo de él. Lo acompañé mucho, por ejemplo, a Caño 14 -el legendario reducto tanguero-. Sin dudas, era uno de nuestros personajes más importantes.

Desde que nací -si bien tuvo reformas- vivo en la misma casa: Republiquetas -hoy Crisólogo Larralde- y Pinto. Barrio de Saavedra. Acá vengo desde chiquito. Uno de mis primeros campeonatos, cuando tenía 8 o 10 años, lo jugué en El Tábano. El club nació en Quesada 3520 y poco después se mudó a Melián e Iberá, que fue donde yo jugué. Pero ahí alquilaba y gracias a la labor extraordinaria de la gente de ese momento, en la década del 70, logramos adquirir este predio. Todo sucedió en base a rifas, eventos y a un gran esfuerzo de todos.

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El Polaco Goyeneche, en uno de los tantos cuadros que engalana el salón comedor.

Hoy, El Tábano se sostiene sobre cuatro pilares:  la familia, los amigos, el fútbol y el tango. Este es el único club de la Argentina con orquesta propia. Es una cosa excepcional. Algo inédito. Nos sentimos orgullosos de eso. No es fácil. Lleva mucho tiempo. Pero con ayuda de todos los pudimos lograr.

Aquella sede de Melián, tenía una cancha de básquet donde también se practicaba fútbol. Acá no hay eso pero lo suplimos con otras cosas: una academia de baile y danza en el primer piso, en la mitad de atrás está la parte de gimnasia acrobática. Y abajo, el sector de juegos de mesa: damas, ajedrez, cartas… Este es el club. Y por supuesto, los grandes festivales de tango, con los mejores cantores del país y la presentación de la orquesta, que se hace una vez al mes.  

Actualmente, no es que estamos bien, sino muy bien. En todo aspecto. En el económico, en el social y en el de los proyectos, que es el más importante. Hay una amplia gama de cosas que queremos hacer, y contamos con jóvenes que nos acompañan. Ellos son el futuro. En cuanto a los proyectos, estamos esperando un subsidio del gobierno de la Ciudad para construir un sector donde haya una biblioteca y juegos para niños. Todo lo que hacemos es en función de contribuir con la comunidad. No nos interesa otra cosa que la gente venga y disfrute.

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El buffet poblado de comensales.

El buffet es muy importante para el club. Beto -el concesionario- vino hace unos doce años. Fue en la época en que yo también comencé a volver… El Tábano experimentó un resurgimiento en buena parte gracias al restaurante. Por la atención, por la calidad de la comida, por los precios. Está siempre lleno, de día y noche. La decoración es muy buena. Estas fotos de diferentes personalidades del fútbol, el arte y el tango, agradan a los jóvenes y les traen recuerdos a los más grandes.

Mi carrera de futbolista empezó en un equipo barrial, que se armó para participar de un campeonato infantil organizado por Estudiantes. El que ideó ese equipo en el Parque Saavedra fue Roberto Pérez Guarch, que más adelante llegó a ser presidente de Platense. Él nos pagaba los pasajes a La Plata, porque éramos todos chicos humildes. Salimos campeones y siete del equipo, quedamos en Estudiantes. Esto fue en el 50. Yo tenía 15 años. A los 17 años debuté en primera. Arranqué jugando de 8, después el Nano Gandulla me puso de 9 e incluso jugué de 10. Boca me compró en el 57. En el 59 fui transferido a Chile. Estuve cinco años y pasé a Independiente de Medellín, por otros cinco años. Ahí comencé mi carrera de técnico. Volví a la Argentina y dirigí a Chacarita con Perfecto Rodríguez en el 75. Luego seguí trabajando en las divisiones inferiores. Lo hice en Platense y Argentinos, junto a José Pekerman. Hasta que por la edad, tuve que retirarme a cuarteles de invierno. Pero siempre seguí pendiente del fútbol. Además integré la Selección juvenil. Estuve en el equipo que viajó al Bélgica en 1953 y a Alemania 1954. En 1955 salimos campeones Panamericanos en México. La delantera formaba con Sciarino, yo, Menéndez, Sanfilippo y Yudica.

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El presidente Molina cuando en sus tiempos de futbolista, fue tapa de una revista colombiana junto a su hijo.

Yo digo que nuestra generación tuvo una gran suerte: vivió el mejor tango, y el mejor fútbol, basquet, automovilismo, boxeo… Era hermoso. Nosotros sí que teníamos referentes. Creo que eso es lo que les falta a los jóvenes de ahora. En el fútbol argentino, un pibe que recién empezaba tenía 200 referentes. Hoy no, porque los jugadores se van enseguida. Acabo de escuchar que Boca vendió al Inter a un pibe que no jugó ni en tercera. A los 17 años, ya está en Italia.

Cuando me retiré me dediqué a otras cosas. Tuve restaurantes y otros negocios. A El Tábano empecé a volver en el 2005 y me reencontré con muchos amigos. En realidad, ellos fueron los que me trajeron. Entonces traté de cooperar en todo lo que se pudiera. Más tarde me eligieron presidente. Pero no es que uno dirige solo. Esto es un equipo. En la Comisión Directiva no hay diferencias. Somos todos iguales. El presidente es uno más. Todos luchamos por lo mismo.

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