DIRIGENTES QUE ESTÁN “SIN RUMBO”

En Tamborini y De los Constituyentes, una institución que a punto está de llegar a su centenario, es conducida por una experimentada Comisión Directiva. El “Sin Rumbo” atraviesa un período difícil, aunque más floreciente que en épocas en las que sufrió una crisis que lo tuvo al borde de la desaparición.

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El nombre es sin dudas, curioso: Círculo Social y Deportivo Sin Rumbo. Nacido en 1919, está muy cerca de ser otras de las instituciones que alcanzarán la línea de los cien años. Es incomprobable si cuando sus fundadores  tuvieron la idea de crearlo, imaginaron que alguna vez el club llegaría a ser centenario. Lo que sí se puede comprobar es el motivo de su denominación: un caballo de carreras.
La historia la cuentan cinco integrantes de la actual Comisión Directiva. Sentados a una mesa de la vereda, el presidente Roberto Travascio y sus pares, se jactan de ser la dirigencia “más joven” entre los clubes de la actualidad.
Bromas al margen, relatan que Sin Rumbo se llamaba un caballo gracias al cual tres muchachos obtuvieron una fortuna al apostar a su victoria en el hipódromo. Fanáticos del tango, invirtieron parte de ese dinero en la compra de un terreno y la apertura de un local que les permitiera desarrollar su pasión por el baile en un espacio propio.

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El presidente Roberto Travascio.

El paso de los años generó que algunos datos se fueran borrando. Por ejemplo, el nombre del jinete ganador. Alguien sugiere que quizás podría haber sido Irineo Leguisamo, aunque este mítico jockey uruguayo comenzaría a correr recién en 1922 en nuestro país.
Algo que sí es concreto, es que el tango sigue siendo la actividad que más identifica a la institución. La Comisión se lamenta porque dos años atrás, una clausura municipal interrumpió la continuidad de las milongas que se llevaban a cabo los fines de semana, así como por ejemplo, también clausuró la que funcionaba en el vecino Club Sunderland.
Estos eventos gozaban de tal fama que eran frecuentados por turistas que disfrutaban del enorme salón decorado con un mural central que anunciaba: Sin Rumbo, La Catedral del Tango. Idéntica inscripción, se puede hallar -dos veces- en la entrada a la institución.

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A pesar de aquella clausura, y de los requisitos interminables que habría que efectuar para conseguir la reapertura, los dirigentes no pierden las esperanzas de que algún día la pista se vuelva a poblar como en esas noches inolvidables, y comentan que el tango -si bien de otro modo- sigue siendo una fuente de ingresos, ya que las clases semanales funcionan con normalidad.
Además se da gimnasia para la tercera edad y clases de taekwondo y salsa, mientras que un hecho de trascendencia, es la labor que el club promueve a favor de los jubilados: en la sede, funciona un centro llamado Abuelos por el Cambio, que organiza excursiones por el país y entrega los tradicionales bolsones de PAMI. “Todo esto lo hace la Comisión -explican-. Nosotros mismos armamos las bolsas ad honorem. Y cada tanto, hacemos fiestas para los jubilados, con bailes y espectáculos. Cada uno de los que viene se paga su comida, a un precio muy barato. Así nos divertimos, la pasamos bien. La próxima reunión será el 16 de diciembre”.
Travascio es el que toma la posta a la hora de hablar. Sus pares (Alejandro Garín, Luis Bustos, Ernesto Espeche y Horacio Olivieri) lo respaldan y ante cada oportunidad, meten un bocadillo.
En determinado momento vuelven a bromear: “El más pibe es el presidente, tiene 78”, lo mandan al frente. Travascio lo toma con humor, y cuenta que anteriormente había sido miembro de Comisión de Sunderland y Penacho, otros dos clubes de Villa Urquiza. “Un día, hace diez años me pidieron que les diera una mano acá y les di, ahí lo encontré a Luis”.

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Bustos toma la posta: “Nosotros estamos desde un poco antes, en 2003. El club estaba mal y nosotros logramos levantarlo. Ahora, como en todo club, la situación está difícil pero vamos a salir al frente, estamos luchando para hacer las cosas como corresponde. El presidente está caminando mucho para hacer todo lo que necesitamos y que esto funcione”.
Travascio agrega: “Andamos a los tirones pero andamos. Hace mucho hubo boxeo aparte de tango, pero antes de que se formara esta Comisión ya no había actividad. No es por jactancia pero pienso que el día que nos muramos nosotros, cierran el club. No hay juventud. Antiguamente los clubes de barrio tenían gente joven. Hoy es complicado que un pibe venga a hacer cosas por el club. Si vienen es porque buscan figurar”.

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El grupo dirigencial comenta sus proyectos a corto y mediano plazo: conseguir un permiso para que regrese la milonga, arreglar un salón del primer piso con capacidad para 200 personas con el objetivo de reinsertar las clases de teatro -dicen que no hay una sala de tal magnitud por la zona- y hasta existe la ilusión de armar un equipo de fútbol. Uno de sus principales impulsores es Luis Bustos: “Queremos ver si conseguimos un campito cerca -señala-, porque acá no hay lugar. La idea es que los vecinos lleven a los chicos para que practiquen y se hagan socios. Queremos darle más categoría al club. Una cancha de seis estaría bien. Por ahora no nos pusimos en campaña porque tenemos que solucionar otros problemas, pero el año que viene por ahí sí. A mí me gustan mucho el futbol y el boxeo, aparte del tango. Porque el Sin Rumbo es tanguero, así lo conocen en todo el mundo…”

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Muy cerca, en la calle Ceretti, otro centro de jubilados se denomina, precisamente, Sin Rumbo. Los dirigentes aclaran que era un grupo que solía reunirse en el club, pero que “tuvieron un problema con el presidente que estaba antes y se fueron. Se llevaron el nombre, aunque igual está todo fenómeno, saben que acá ahora pueden venir cuando quieran”.
El sol cae y el día se termina. No obstante, la ronda del mate continúa más viva que nunca, fogoneada por este quinteto de amigos que disfrutan de la brisa de un atardecer en la vereda. Unos metros más allá, la foto sepia del caballo Sin Rumbo a punto de ganar aquella carrera de 1919, también luce más encendida que nunca a pesar de sus casi cien años.

 

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