Buenos Aires, como te cantaba Eladia Blázquez

Por Raquel Seltzer

Te recorro mentalmente por tus calles, el Rosedal se viste de pimpollos en  primavera. Caminito… yo te visité de la mano de mi madre, y también el ensueño del Jardín Japonés.

La biblioteca del Congreso de la Nación, con un silencio casi sagrado que llama a la reflexión.

Los Tribunales de Talcahuano,  la Facultad de Derecho donde me hallaba como pez en el agua y donde sentía un cosquilleo en el cuerpo antes de los exámenes que logré superar, y finalmente graduarme.

Al subte me subí y vi dibujos en las paredes. No me olvido de los museos como el de Bellas Artes, frente a  la Facultad que tantas veces recorrí con admiración.

El Puerto, el Riachuelo, reflejados por el inolvidable pincel del maestro Quinquela Martín.

La luna rodando por Callao en los versos de Horacio Ferrer, el sonido del bandoneón de Pichuco, las voces de Goyeneche y Rivero en el Viejo Almacén de San Telmo, las tardes estudiando entre café y más café en la  confitería Alabama, de Córdoba y Pueyrredón.

El Teatro Colón, el Teatro SHA de Sarmiento al 2200 y los cines de Lavalle, eran citas obligadas durante varios  años.

Los sábados a la noche por Corrientes, la que nunca dormía, recorriendo disquerías y librerías, el viejo Mercado de Abasto, al cual iba  con mi abuela Sara y la observaba comprando frutas y verduras.

La Costanera Sur con la estatua de Lola Mora y el despegue y aterrizaje de los aviones en Aeroparque.

Todo esto y mucho más lo recuerdo nítidamente, como si no hubiera pasado el tiempo.

Foto: la calle Talcahuano y el Palacio de Tribunales.

 

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