Su fisonomía lo convierte, sin dudas, en uno de los barrios no oficiales más curiosos de Buenos Aires. Recostado en una zona de Floresta que limita con Vélez Sársfield, el Segurola se destaca porque sus manzanas están seccionadas en cuatro partes iguales.
Una manzana del ejido  tradicional porteño -cien metros de cada lado-, en este caso, es atravesada por tres calles, pequeñas y angostas, que la dividen hasta transformarla en un puñado de cuatro sub-manzanas. Si a esto lo multiplicamos por siete (la cantidad total de manzanas que presentan este aspecto), se obtiene un mini-barrio compuesto por un ramillete donde conviven calles extensas con varios pasajes, algunos de 300 metros de extensión (Las Acacias, Carapachay, Tacuara, Ñanduti, Mataco y Jacarandá) y otros, de 100 metros (Urunday, El Sauce y El Araucano).
El resultado de semejante conjunción, es un atractivo sector de la Capital, ideal para recorrer, por ejemplo, en el atardecer de un día laborable, donde la calma de este microclima porteño, contrasta con la histeria que se vislumbra  más allá de sus fronteras.

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PARA RECORRER Y DISFRUTAR

Un sitio adecuado para penetrar en esta cálida “fortaleza” vecinal, es el Este de la Capital. Como si fuera un perfecto portal de acceso, hay dos espacios públicos (la Plaza Udine y el Polideportivo Pomar) que, separados por Alejandro Magariños Cervantes,  anteceden al barrio con el verde de sus arboledas.
Una vez que termina esta cuadra, será necesario cruzar Mercedes y de pronto, uno ya estará adentro del Segurola. Si se elige seguir por Magariños Cervantes, será fácilmente comprobable como en apenas tres cuadras -hasta Segurola- habrá que cruzar nada menos que doce bocacalles, producto del irregular loteo al que fueron sometidos los terrenos.
Si uno dispone de más tiempo, animarse a doblar en uno de los pasajes y perderse en este laberinto de tranquilidad pueblerina, será un hermos desafío.
A través de él, casas de dos plantas en su gran mayoría, se distribuyen de manera uniforme, ofreciendo una identidad  común. A pesar de ese origen que las une, en la actualidad, al margen de la altura, las viviendas difieren bastante entre sí. Algunas son coloridas, otras son discretas; algunas fachadas están impecablemente cuidadas; en otras, la falta de mantenimiento es más que evidente. En algunas se potencia el verde de los jardines; en otras, se impone el gris del abandono…
No obstante, esa extraña mezcla de uniformidad y desequilibrio, es la que logra que el barrio irradie belleza, máxime, llevado al contexto de sus “infinitas” y silenciosas callejuelas.
Su particular trazado, da lugar a ciertas situaciones insólitas, como ser, la de las viviendas ubicadas entre Mercedes y Jacarandá: las parcelas aquí son mínimas, tanto que los frentes dan a una calle, y los fondos de esas mismas casas, no limitan con una propiedad vecina sino que dan directamente a la calle paralela.

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SU NACIMIENTO

El barrio está delimitado por Segurola, Alejandro Margariños Cervantes, Sanabria, San Blas, Mercedes y Gral. César Díaz. Así como lleva el nombre de la primera avenida de esta lista, también se lo conoce como el de “las mil casitas”, o el de las “casas baratas”, debido a su particular origen, que lo equipara al Barrio Cafferatta de Parque Chacabuco, o al Marcelo T. de Alvear, de Parque Avellaneda.
Su creación se remonta a las primeras dos décadas del siglo pasado, siendo construidos para beneficio de familias de extracción humilde con atractivas condiciones de financiación. A la Ley que en 1915 se dictó para satisfacer estas necesidades, se la conoció precisamente, como la ley “de las Casas Baratas”. Uno de sus principales impulsores fue el diputado del Partido Demócrata Nacional Juan Félix Cafferatta.
El Segurola se levantó en 1929 y comenzó a poblarse a partir de 1931. Fue a partir de 1936, que sus propiedades quedaron habitadas en una mayor proporción.

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¿SEMIPEATONALES?

A fines de la década pasada, el Segurola ocupó espacio en diarios, radios y noticieros de televisión, porque un decreto del gobierno porteño pretendía convertir en semipeatonales a sus pasajes. Esto desencadenó una fuerte resistencia de los vecinos, que aparte del descontento por la medida, argumentaron no haber sido consultados por las autoridades en aquel entonces encabezadas por Mauricio Macri.
Dentro del paquete de modificaciones, se destacaba el hecho de poner la calzada a la altura de la acera, así como hoy sucede en unas cuantas arterias del Centro y San Telmo. Esto y que nada más tuvieran acceso a los pasajes los vehículos de los frentistas, provocó duras reacciones en el vecindario. Durante 2008, se sucedieron reuniones, audiencias públicas y amparos judiciales, hasta que a fines de ese año, el gobierno dio marcha atrás con el proyecto.

PARA TENER EN CUENTA

Una característica común a todos los pasajes: calzadas y veredas angostas y un mínimo tránsito vehicular y peatonal (foto 1). En la foto 2, una curiosidad de algunas viviendas: la manzana es tan angosta que el frente da a una calle -Mercedes- y el fondo a la paralela, Jacarandá. En las foto 3 y 4, los contrastes: una casa admirablementemente cuidada y otra jaqueada por el abandono. Por último, el mapa del barrio.
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